Qué grandes sois, cuanto amor corre por
vuestras venas y cuanta pasión por vuestras vidas. Preciosa web. Envidio desde
España las experiencias que narráis.
¡qué valor con la Jawa!
Un saludo cordial,
Bernardo
17 de marzo
de 2006
Hola,
Tengo una Honda CBF 600, y mi primer largo
viaje lo estoy planificando para este verano (en Europa, “España”, Julio a
Septiembre) y me he quedado perplejo de ver que es posible viajar con una moto sin
carenado o cúpula.
Me habéis dado fuerzas para lanzarme a
cualquier viaje y convertirlo en verdadera aventura de naturaleza.
Mi proyecto es de 3.000 km. ida y vuelta, me
pareció muy lejos, pero ya veo que por el mundo existen personas intrépidas de
verdad.
Ojalá algún día pueda ir a la Patagonia, a
Argentina, inmenso y bello país.
Hasta pronto,
Bernardo
27 de marzo
de 2006
Estimado,
Cada noche antes de acostarme sueño con una de
vuestras historias de viajes, mientras las leo, me encanta cómo lo cuenta
Verónica, y las fotos son imprescindibles para hacerme idea de la dureza de la
mayoría de vuestro viajes.
Nada sería comparable en Europa (yo creo),
porque las extensiones no son tan grandes, y porque el clima no es tan duro,
salvo en Noruega.
En uno de los relatos me enviasteis a Informoto
con el relato: (Mi primera Moto “2”) y entendí el significado y la importancia
de esa primera moto, GTO 125, y el significado personal que tiene “Ella”, la
Jawa. Una fiel máquina que nació de la pasión de dos personas como nace un ser
vivo.
Un abrazo,
Bernardo
29 de marzo de 2006
En Semana Santa yo iré con Fénix (mi moto que
renació de las cenizas tras salirme de una curva) a una zona de España que se
llama Almería, es un desierto duro y agreste, antigua tierra de volcanes, en el
que quedan cuencas de cráteres apagados, y fósiles de anteriores o posteriores
eras, casi al borde de la playa. Es la mejor época para ir, ya que en verano el
calor es seco e infernal. Tan sólo está a 600 km. que yo a esto empiezo a
meterlo en la categoría de viaje largo.
En la actualidad están tratando de aprovecharlo
para el turismo, después de que durante años (en los 60 y 70) fracasaron esos
intentos por la dureza del clima, a veces desagradable como destino turístico de
playa. Hay mucha piedra volcánica, piedra y piedra y los desiertos de los que se
habla no son de arena sino de piedra, y baja vegetación.
El caso es que tiene la magia bruta de la
naturaleza y aporta la libertad que te da sólo la tierra en sí misma.
Me alegra poderos escribir, y si no os resulto
muy pesado, me encantará contaros cosas para acercaros, en lo posible, imágenes
subjetivas descritas de España.
Adjunto una foto de la zona al borde del mar
está plagada de fortificaciones ya que era zona protegida de Piratas y Bere-beres
que venían desde África para asaltar la península, en diferentes épocas y sobre
todo en el siglo XVII y XVIII.

3 de mayo de 2006
(¡No se pierdan este relato!)
Hola Mis queridos amigos,
Me ha gustado que colguéis mis mails de vuestra web, lo que pasa que es poca
cosa la que escribí porque no pensé que fuerais a poner los mails y no tuve
tiempo de escribiros nada.
Esta vez tengo algo más que decir, y si os parece pondré también fotos.
Lo primero que me gustaría advertir de lo que tengo escrito para "rutasendosruedas"
es que yo no le doy un uso deportivo a la moto, sino de viaje-ruta y funcional a
diario. Desde hace tan solo un año he descubierto un mundo nuevo con ella. A mi
moto la llamo Fenix, creo que es más un compañero de viaje que una bella
princesa. A veces mientras ruteo por una recta, le doy palmaditas en el depósito
y le digo "muy bien machote, vas muy bien", sé que estas locuras las podrán
entender algunos o todos los moteros, y el que más y el que menos se habrá visto
en esta situación. Es una relación curiosa la que se crea entre la moto y el
hombre.
Os voy a hablar del viaje que hice hace unas semanas hacia el sur de España, en
la provincia de Cádiz, justo dónde la flota española perdió una de las batallas
más importantes de la Historia, la llamada batalla de Trafalgar en el Cabo de
Trafalgar; allí estuve en el mismo cabo, bajo el faro iluminando antes de que
caiga la noche plena, mientras el sol se mete a navegar en el agua en una puesta
de rayos rojos anaranjados y música del mar.

No voy a hablar de motos, voy a hablar de
viajes en moto, voy a hablar del espíritu que creo necesario para emprender un
viaje en moto sin carenado: con el viento en la cara durante kilómetros, pesando
el aire sobre el pecho, partiendo el cuello en dos, y apoyando los brazos con
fuerza cuando el firme se hace peligroso. Todo esto ocurre en la Ruta, no
durante una pista de 50 km. sino cuando llevas horas sin bajarte del caballo,
con el paladar seco, las rodillas entumecidas, el culo aplastado, etc. y a pesar
de esto la felicidad a inundado en ocasiones mi sonrisa más sincera, la que me
pongo a mi mismo dentro de mi casco, sin que nadie la vea. Sigo convencido, sin
haber hablado con ninguno, de que a más de un motorista todo esto le suena.
Y quiero decir, que antes de comenzar el viaje de 679 km. (total 1.358 km. en 4
días) cogí un cuaderno con las páginas en blanco y un bolígrafo expresamente
para enviarles a Néstor y a Verónica mi historia.
Pues bien, ahí va mi relato:
He comenzado mi viaje como preludio de lo que es mi vida, como anuncio de mi
forma de actuar en la vida, como el que vive la moto, que vive una parte de la
vida de diferente modo al resto de los mortales.
Mi viaje, este viaje, ha sido en moto, de la única manera en que la vida se
siente más intensa y en el mismo lapso de tiempo ocurren millones de cosas más.
El cansancio de la carretera es la droga que distorsiona parte del entorno y
como un fluir de la roca, brotan sensaciones nuevas a cada golpe de viento. La
primavera se vuelve más primavera, la lluvia es más lluvia, el aire es más aire,
y todo en su más absoluto todo es más TODO.
Comencé el viaje despidiéndome la noche anterior de la ninfa que ocupa el gran
espacio interior que se le deja a las personas especiales, y aunque a ratos es
tormenta a ratos es brisa que acaricia mi corazón. Cinco horas de pasión tras
una cena hindú, cinco horas de sueño y energía a borbotones de caudal sereno y
trepidante a la vez.
Tras un feliz y agotador amanecer hicimos el desayuno de mis tradicionales
tostadas y una empanada gallega de bonito recién hecha en el obrador.
Ultimé los detalles de las maletas de la moto y cerré por fin los anclajes para
salir con el peso justo en dirección al `garaje´ (creo que en Argentina decís
cochera). Pocas horas de sueño interrumpido hicieron que me costara esfuerzo
hasta cargar con las dos simples maletas hasta llegar donde aparco la moto. Y
una vez que llegué se me fueron todos los males, tomando oxigeno al ver a Fénix
preparado y reluciente con el motor de la aventura.
Es cierto que los viajes siempre son una forma de entender y asimilar la vida
propia y casi me atormenté al pensar que hasta en la decisión de las paradas y
destinos previstos, dejamos entre ver nuestras intenciones y el cumplimiento de
nuestras necesidades.
En esta ocasión la decisión prioritaria es salir a la carretera con el Fénix de
Alas de plata que Soichiro Honda puso bajo mis manos, es decir, lo que hacen
nuestros amigos Nestor y Verónica, tirarse al camino con su Jawa y encontrar
experiencias.
En mi caso el resto de decisiones fueron para aprovechar la dirección del viaje
que hacia el Sur, obligaba la visita a mi hermana en Sevilla, y con ello y no
demasiada pasión contemplar las famosas procesiones de Semana Santa que como
todo lo que toca Sevilla se hace importante para el mundo entero.
Esta primera parada en el camino, he de reconocer que ha sido triste, y lo
comparo como uno de los Pasos de las Cofradías de Sevilla: el tiempo que
transcurrió junto a mi hermana fue lento, sentido, moribundo e irreversible,
porque su amorosa abnegación por los suyos le quitan el aire de libertad e
independencia. Debería ir más en moto. Ser mujer no significa estar subyugada y
ser esposa significa estar ensalzada.
Me despedí con besos y arranqué la moto, rugió la fiera, salí con lluvia como
cuando se sale paulatinamente de un trance de desánimo, y cruzando un tramo,
comenzó a abrir el sol en una carretera de verdes praderas a los lados, acequias
y campos de cultivos.
El siguiente destino de este viaje, fue Jerez de la Frontera, y con ello
acercándome poco a poco al destino último que perseguía.
Fue la visita a mi tía Lourdes, anciana hermana de mi padre, y con gran
necesidad de cariño y atención en la soledad acompañada de dos inmigrantes
bolivianos que la atienden como mejor pueden atender dos seres humanos que no
son de su familia, ni son sus hijos a os que tanto reclama, ni es su marido al
que tanto llora y reza.
La visita fue agradable y Jerez de la Frontera, se me hizo más bonito después de
hablar unas horas con ella; me hizo vivir la familia, me hizo sentir el orgullo
de apellido ya casi perdido; e ilustró cada una de sus débiles palabras con
fotografías de los abuelos y tatarabuelos, uno de ellos retratado dignamente con
un blanco uniforme de Capitán en la guerra de Cuba de 1898, y en esa curiosa
estampa como el más curioso de los adornos y con el decimonónico romanticismo de
la época aparecía este noble barbudo tatarabuelo sujetando un pavo real, de
larga cola de plumas, con el mismo porte ambos, bellos, dignos, nobles,
hinchados y naturales.
Estas son algunas de las cosas hermosas que recogí de unas pocas horas al lado
de mi orgullosa tía Lourdes a mi paso por Jerez.
En el mismo día por la tarde, Fénix y yo salimos de Jerez con dirección ningún
sitio, aunque era tarde para no tener decidido dónde dormir esa noche preferí
aventurar de una vez algo de este pequeño viaje que tan sólo en 4 días está
lleno de experiencias, y no tanto porque me sucedieran cosas, sino porque me
prometí hace unos años agradecer a Dios cada minuto que vivo, porque cada minuto
que vivo siempre es mejor de lo que podría llegar a tornarse, y por tanto mi
vida se convierte en la mejor de las vidas posibles.
Puede haber alti-bajos, pero siempre hay que negárselos, estando muy receptivos
a la infinidad de estímulos que nos llueven como agua fresca, que limpia nuestro
rostro, tras un polvoriento viaje sobre camino de tierra.
Y sin haber decidido el destino definitivo, tan sólo era cuestión de atizar el
puño de Fénix y pedirle que con viento favorable me acercara a un sitio bello,
sin más.
Llegué a San Lúcar de Barrameda y no me dió lo que yo buscaba, por tanto di la
vuelta y en Chiclana decidí ir a Conil, y parar antes de anochecer. Parar el
tiempo que transcurre conjugado en binomio con la velocidad, que en la moto, más
que en otro sitio te rodean los estímulos, que se impactan sobre la retina como
haces de luz que fugaces se repiten.
Nada más entrar en el pueblo me propuse parar uno a uno en cualquier tipo de
alojamiento, y cómo cada día que pasa podría ser peor de lo que es, con esta
conformidad de la vida, encontré un estupendo hotel con un señor muy amable que
me ofreció habitación a un precio que pude pagar.
Había conseguido justo antes de anochecer encontrar una confortable habitación,
una ducha y un garaje para evitar que los graciosillos gastaran bromas a Fénix
en una noche de sábado en un lugar turístico.
Como tenía claro que Conil es demasiado bullicioso para lo que buscaba, ya de
noche hice tan sólo 12 km. Y busqué alguna cama para pasar los dos días
siguientes en Trafalgar o en Caños de Meca. Para otra ocasión llevaré tienda de
campaña que es como se viven mejor estos parajes a cambio del mullido de un
colchón.

En Caños fue imposible y Trafalgar no pudo ser
a la primera, no obstante no tuve que hacer grandes esfuerzos en mi búsqueda
para encontrar una habitación de 16 m2 con una cama de matrimonio, televisión,
cuarto de baño, mesita para escribir y dos sillas por mucho menos precio de lo
que pagaba en Conil.
Este humilde Hostal que se me hizo un palacio se encuentra en frente de la playa
de Trafalgar, puedo ver el faro iluminando el mar, puedo oír las gaviotas, puedo
oler el mar, puedo oír sus olas, puedo sentir el silencio de tanto ruido
encantador.
Y poco más allá están los Caños de Meca, de los que no tengo claro cuál es su
poder de atracción sobre mi, quizá es el último tramo de un camino, aislado del
resto, una playa con cuevas, independiente por sí misma, con agua dulce de los
“caños” de los que mana, y que producen los barros que me unto sobre la piel. Al
final resulta ser un pequeño paraíso de bienestar en el que viven temporadas los
herederos de los hippies.
El mar son sus límites en el estrecho pasillo de arena que queda entre las rocas
y la orilla, al contrario de la amplitud de Trafalgar.
Este pequeño punto en el mapa de España, tiene el encanto de ser más puro cuando
sus visitantes se van, y al contrario de otras zonas turísticas de playa en las
que se hace presente la ausencia de la marabunta humana de vuelta de sus
vacaciones, con el desolador paisaje de basura y abandono, en éste, el entorno
toma vida y se recupera, se oxigenan las playas porque lo único que encuentras
es la única costa, el único mar, los pinares, juncos y arena, sin ninguna
necesidad de más.

Me impactaron tanto estos 4 días, por
cuestiones que no da tiempo a contar, que a las dos semanas volví a Caños.
Todos los viajes te conducen a un sitio con retorno, y siempre te llevan al
mismo punto desde el que nacen: nos llevan a “nosotros mismos”, precioso lugar.
Textos y fotos: Bernardo, de
España

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