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Concurso “Mi
historia de amor por la moto”
2008
Dos Ruedas
Por: Antonio Mancuso (piloto
Gilera 200)
Merlo, Buenos Aires
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Podría decirse que mi historia de pasión por la dos
ruedas arranca desde pequeño, y digo “dos ruedas” porque mi primer amor
fue la bicicleta y posteriormente la motocicleta. Desde temprana edad;
el hecho de ver pasar a alguien en motocicleta ejercía una gran
fascinación en mí, me parecía casi mágico esa combinación entre tener
que mantener el equilibrio sobre dos ruedas y poder propulsarse sin
esfuerzo humano.
El primer acercamiento con el mundo de las motocicletas fue allá por los
14 años, había un circuito “under” en el cual intercambiamos
motocicletas de bajas cilindrada, juntábamos dinero entre dos o tres
amigos, algunos ponían mas otros menos, pero no había disputas por ello,
no conocíamos de porcentaje de participación en la sociedad, de título
de propiedad ni de certificado de fabricación ¡ignorábamos que tenían
que tener papeles!. Pasaron por nuestras manos, Paperino 48, Cucciolo,
Legnano y alguna otra más que no recuerdo. Éramos felices armando y
desarmando estas bicis con motor durante varias horas, las empujábamos
por cuadras, volvíamos a nuestro “taller” otro toque a los platinos y
volver a probar. Cuando arrancaba ¡EUREKA! Saltábamos de contentos
alrededor de la misma y aunque la alegría durara diez minutos, nuestro
orgullo y tesón no nos dejaba bajar los brazos.
A los 18 años mis padres me preguntaron que quería de regalo y por
supuesto pedí una ¡motocicleta! La cara de espanto de ellos era como si
hubieran visto a diablo; me dijeron que el paragolpes de la moto era la
cabeza, que mi tía había tenido un accidente en una Siambretta que casi
le cuesta una pierna y ante mi insistencia y para terminar con la
conversación me decían: cuando trabajes comprátela pero nosotros no te
vamos a dar dinero para eso! Con 18 años cumplidos y primer trabajo,
junté peso a peso mis primeros 4 sueldos y ¿adivinen para que los use?
Para comprar “la pato” ( así le decían a ese modelo por la forma del
motor), era una hermosa Gilera 150 Súper Sport modelo 1956, yo decía que
tenía una moto importada porque durante esos años venía de Italia y
luego se empezó a fabricar en el país. El defecto es que era a dínamo y
en este modelo eran bastantes frecuentes las fallas.
Mi enamoramiento era cada vez mayor! Y poco tiempo después sin vender la
anterior me compre mi primer moto “en serio”, “ella” era una Gilera 200s
modelo 81 cero kilómetro. La cuidaba y la mimaba (léase le hacia el
mantenimiento, la lavaba y lustraba permanentemente) Ahora sentía que no
había limitaciones tecnológicas ni distancia imposibles de recorrer. Me
diò muchas satisfacciones, nunca me dejó a pié, la usaba para ir a
trabajar todos los días al centro, para ir a la facultad, para salir de
vacaciones, de esta manera conocí junto a otros amigos moteros Entre
Ríos, San Pedro, Lobos, etc.. Ese tiempo hermoso duró casi tres años,
hasta los 23 años; ya que luego de una seguidilla de caídas sin mayores
consecuencias afortunadamente para mi ni para la moto, hicieran que
dudara y me hicieran dudar sobre la conveniencia de seguir teniendo una
motocicleta. El tiro de gracia lo dio una caída donde una Lujanera frenó
a medio metro de mi cabeza. Para ese entonces no era una sugerencia sino
una exigencia familiar para que vendiera la moto. No quise pasar por ese
duelo y un amigo de la familia que tenía agencia de autos me dijo que se
la llevaría uno de estos días para venderla. Nunca imaginé la angustia
que sentiría al regresar una tarde del trabajo y ver que “ella” ya no
estaba allí. Solo había un sobre arriba de la mesa que decía “adentro
está el dinero la venta”. Tiré el sobre en un cajón ya que ese dinero no
representaba nada para mí.
A veces la veía pasar con una persona desconocida para mi, manejándola,
maltratándola. Intenté recomprarla a través de la persona que me la
había vendido pero no hubo caso.
Al tiempo la vi muy maltrecha ya que me enteré que habían tenido un
fuerte choque con “ella” y mi dolor aumento aún más.
Algunas noches despertaba angustiado pensado que esto que estoy
relatando era tan solo un sueño, pero la realidad era incontrastable…No
volví a tener moto hasta el 2005, o sea casi sin darme cuenta habían
pasado 22 años desde la Gilera 200 pero esa es otra historia…

Antonio Mancuso
Merlo,
Bs. As.

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2001
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