Nando es amigo desde hace tiempo, pero se le pasó
la fecha de cierre del Concurso. De todas maneras nos envía su relato para que
disfrutemos de su historia de amor.
La moto… para entender un poco mejor este relato, tengo
que retrotraerme en el tiempo.
Marzo del año 1975, mi padre tenia una flamante Gilera “Macho” modelo
1969 color roja y blanca como venia de fabrica.
Con mis dos años y meses, quien les cuenta, subía como podía a la moto y
copaba la cima del tanque de combustible; para entonces mi papá ya le
había cambiado el manubrio original por uno adecuado a mis necesidades
de “mini copiloto”, el cual tenía una barra al medio que lo unía y es en
esa barra de caño donde yo ponía mis manos como si fuera el conductor,
que sin duda para mí lo era desde luego.
Y bueno… una vez allí instalado no me sacaba nadie, cuando íbamos a la
placita mi papá paraba la moto en el caballete central y desde ahí mismo
sin descender yo miraba las hamacas y a los demás gurises jugar, comía
mis galletitas y golosinas, tomaba mis helados pero jamás me bajaba de
la moto.
Incansablemente yo iba allí con mis largos pelos al viento, en verano
claro… y en invierno… y con lluvia… ¡¡¡ya era una pieza mas de la
moto!!!. Mi abrigo de invierno para salir era un poncho celeste y blanco
con una capucha que mi mamá arreglaba antes de subir para que no me
entre viento en los oídos me decía. Aun conservo el poncho… pero ya hace
como 31 años que no lo uso por cuestiones obvias y mi mamá cambio el
repertorio para cuando llega el momento de subir a la moto: _ “¡¡¡sos
loco, con semejante frió te vas a andar en moto!!!”.
Y claro es de entender… no ve ella que yo tenga puesto el ponchito
celeste y blanco con la capucha para el viento.
Esa sensación del viento en la cara, lluvia y frío jamás me abandono,
sigue conmigo desde que tenía esa edad, y cada vez que subo a conducir
mi moto lo hago con la misma ansiedad, que retengo en mi memoria, de
aquella gran Gilera 200 CC.
Ese tanque fue mi trono por cinco años hermosos, el desencanto vino
cuando me dijeron: _”bueno hijo ya estas grande para ir en el tanque,
vas a tener que ir atrás”.
Atrás… no era lo mismo en ningún punto de vista. Me costo horrores
entender eso y luego sobre llovido mojado como dicen; entra en escena mi
hermana la cual paso a ocupar el tanque y cronológicamente mi hermano
menor quien tiene un recuerdo visible en su rodilla izquierda del caño
de escape, lo fue a recibir a mi papá que llegaba en la moto. El tenia 2
años escasos así que el escape caliente estaba a la altura de su
rodilla.
Esa Gilera fue compañera fiel desde que me acuerdo y conozco prendido
con ambas manos de esa barra de caño que unía el manubrio.
En ella aprendí a conducir… lo único que mi papá la quería tanto y la
cuidaba como a cada uno de sus hijos así que recién cuando cumplí 18
años me la facilitaba solo para dar una vueltita y debía regresarla a
casa.
Debo confesar amigos que por más ganas que tuviera de andar en moto,
jamás di una miserable vuelta sin el consentimiento de mi padre a pesar
de que él sabía que yo la conduciría bien.
Cuando hacia unos meses que había cumplido mis 20 años y ya con fecha de
casamiento para el 4 de Diciembre, me llama un día y no se si por
cuestiones de que yo era el mayor de mis hermanos o porque el vio en mi
un sentimiento especial por aquella inseparable amiga… me dice: _”llevala
cuando quieras, te la regalamos con tú mamá”.
Lo que mas lamento de ese día es haber sido yo al que le daban el
regalo, porque sino hubiera visto mi cara de felicidad, la incredulidad
en principio y el eterno agradecimiento a mis padres por el regalo y a
Dios por cumplir mi primer deseo que en toda mi adolescencia se lo había
recordado día a día.
Que sabio fue mi padre para escoger el momento ideal para hacer ese
regalo especial.
Y así luego con un par de años y algo más de andar en “mí” Gilera ahora,
mi hija mayor con sus 2 añitos paso a ocupar el lugar en la cima del
tanque de combustible y prendida con sus dos manitos de la misma barra
de caño que unía el manubrio en el cual su padre conoció el deleite de
andar en moto.
Los sucesos históricos pueden ser parecidos pero no iguales dicen los
entendidos en el tema. Digo esto porque mi hija hoy tiene 14 años y este
año en Noviembre cumple los 15, en estos tiempos que corren se utiliza
mucho al menos por acá, regalarle una moto a las gurisas cuando cumplen
esa edad.
Ella esta esperando la suya por supuesto, como yo quería que mi padre me
regalara su moto cuando yo era un adolescente o menos aun, que me la
prestara para usarla.
Pero he aquí que ese hombre guardó sabiamente el regalo para cuando más
necesario fuera, ¡¡esa Gilera siempre fue mía!! desde que yo viajaba
sobre el tanque de combustible y ni siquiera podía conducirla.
A quienes les gusten las motos siempre tendrán la suya y la van a amar y
cuidar como tal vez nadie que comparta esta pasión lo entienda, pero
esto es igual que una fruta… hay que esperar pacientemente a que esté
madura para disfrutarla bien…
Así que le recuerdo a mi hija que las motos se les regalan a los hijos
con mucho amor cuando cumplen los 20 años y están bien maduros para
disfrutarla.
Desde aquel tiempo hasta éste que corre hoy amigos fui teniendo varias
motos y a todas las he querido y cuidado como se merecen, pero aquella
Gilera fue la que marcó en mi vida el sentimiento casi natural les
diría, por esta loca pasión.
¿Y la moto dónde está?... bueno, por razones personales no voy a develar
el fin de aquella amiga inmortal. Pero si les sirve de consuelo…”siempre
la recordaré como la fiel amiga que fue”.
La foto
es de marzo de 1975, sepan comprender...

Nando…
Villaguay, Entre Ríos

©
Hecho el
depósito que prevé la ley 11723.
www.rutasendosruedas.com.ar
2001
Política de privacidad
Los derechos de los textos y fotos de esta página pueden pertenecer a
los propietarios de Rutas en dos Ruedas o a terceras personas o
entidades. Si desea utilizar algún contenido de esta página, incluidas
las fotos, por favor solicite autorización por correo electrónico.