El viernes pedí el día en el trabajo (había
Jornada de Perfeccionamiento Docente en Buenos Aires, lo cual no significa gran
cosa) y a la mañana salimos en la Jawa hacia Zárate. Cruzamos el puente,
ingresamos a Entre Ríos y paramos en Ceibas a descansar y tomar un café.
Apenados por la gran cantidad de ganado muerto
en los campos, (a causa de las inundaciones que, pocas semanas atrás, llegaron a
tapar la ruta en algunos sectores), llegamos a Médanos que, como lo indica su
nombre, es una extraña zona de médanos y pinos. En Gualeguay cargamos
combustible, pasamos por las cabañas multicolores de Rincón de Nogoyá y
almorzamos en Victoria, en un restaurante copado por motociclistas.
En el cruce hacia Diamante tomamos a la
derecha, pues nos alojamos en Libertador San Martín, "colina de la esperanza",
un pueblito encantador a 14 km. del cruce. Dejamos los bolsos en el hospedaje,
donde en total éramos cinco motos, y salimos para el predio del Encuentro.
Estuvimos charlando con Luis y Rita, de
Concepción del Uruguay, en Yamaha 135; con Aldo en su Jawa roja; con Fabián, de
Las Heras; con Adrián, Paola y sus amigos de Rosario; con Ramiro, de Humboldt;
con Osvaldo y Darío, de La Plata; con una pareja en Transalp (ella, de Sunchales
y él, de La Criolla); con Julio y su hija, que cambiaron su Jawa por una Yamaha;
con Julio y Cristian, que viajaron en moto prestada para no perderse Diamante;
con Gonzalo y Andrea; con el Busta y su amigo Hugo, de Viedma... Tantos amigos
"viejos" y "nuevos", que hacen de este motoencuentro algo especial.
Sabemos que allí nos encontraremos con gente
querida, con gente que no podemos ver a menudo, con gente que no conocemos en
persona. Con gente que nos conoce por Rutas en dos Ruedas y nos reconoce allí,
entre esa multitud de personas, motos, humos y ruidos. Con gente que, como
nosotros, ama las motos, ama viajar y valora la amistad por sobre todo.
Vista del delta del Paraná en Diamante

Entre
galanes: Darío y Osvaldo, de La Plata,
seguidores de Rutas en dos Ruedas, y el Busta de La Comarca (Viedma)

Buscando algo para comer, nos acordamos de una
esquina en la que habíamos cenado el año pasado. Cuando la ubicamos, estaba
llena de moteros. Desde la Jawa divisé una mesita libre junto a una ventana y me
bajé rápido para reservarla. Camino de mi mesa, pasé por una ocupada por cuatro muchachos y escuché
un tibio saludo, al que respondí tibiamente también, mientras apoyaba el casco
en el mantel como plantando bandera de ocupación. Raúl, uno de los muchachos, se
acercó para presentarse y explicarme que me conocía por la página y que suele
leer mis relatos. Contó que durante varios años dejó de andar en moto debido a
un accidente de un ser querido, y que nuestros relatos le habían devuelto el
entusiasmo, por lo que ahora estaba viajando en su Transalp. Algunos hombres
mienten muy generosamente con tal de ser amables con las mujeres, ¿no creen?
Pero si al menos un poquito de nuestro entusiasmo les ha llegado, entonces Rutas
en dos Ruedas vale el esfuerzo.
Gracias, Raúl, por darte a conocer esa noche y
por saber disculpar mi tímido saludo, (a veces la timidez me hace pasar por
antipática o por maleducada, ¡pero es sólo hasta que me largo a conversar!).
Vista
parcial del camping del complejo La Ensenada: motos y carpas
lo
colmaron y le dieron vida este fin de semana

¿Vamos por más Diamante?

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