Este año no hubo tantas motos en el Encuentro
como el año anterior. La policía estimó unas seis mil, más o menos,
(¡convengamos en que igual es un buen número!). El precio de la entrada, cabe
aclararlo, era de veinte pesos por el conductor y veinte más por el acompañante.
A muchos les pareció que se les fue la mano, y me incluyo.
Las excursiones tradicionales del paseo al
Túnel Subfluvial Hernandarias y el cruce del Paraná en balsa no se realizaron,
según informaron los organizadores, porque Prefectura no las autorizó por un
tema del seguro de la balsa y porque, según ellos, el año anterior había algunos
chicos que "colgaban" de la embarcación. Nosotros estuvimos en la balsa aquella
vez y no vimos nada indebido.
En un momento se terminaron las cartillas y los
calcos, así que buena parte de la gente que ingresó se quedó sin conseguirlos.
El control en la entrada al predio era tan estricto, que casi se convirtió en
mala onda (nada que ver con el año anterior, cuando el trato fue distendido y
amable).
Tampoco la prensa recibió un trato acorde: no
entregaron cartillas, no brindaron un refrigerio, no ofrecieron información
detallada ni precisa sobre los acontecimientos. Sabíamos de un accidente con dos
chicos fallecidos y fuimos a conseguir una versión ajustada a lo real, pero sólo
confirmaron el rumor, agregando que ocurrió en la madrugada del sábado, cerca de
las 3 de la mañana, escatimando los detalles del hecho. Al parecer, una pistera
se llevó por delante a dos o tres motos, resultando del choque dos motociclistas
muertos. Una pena, que nos tiene que hacer pensar en cómo viajamos. Hemos
cruzado y pasado en la ruta scooters sin luces, que se mandaban como venían, sin
cuidado de nada. Y sobre esto me pregunto -no con intención de ser más papista
que el Papa, pero sí sabiendo que nuestra seguridad depende de nuestra
responsabilidad y de la de los demás- ¿es lícito que se vendan bebidas
alcohólicas en el predio de un encuentro de motos, donde se sabe que a cada rato
agarramos la moto para dar una vuelta?
Al margen de esto, podemos afirmar que había
mucha gente de Seguridad, que las ambulancias para socorro estaban disponibles
en todo momento y que los baños eran aseados constantemente (aunque debido a la
cantidad de gente, no daban abasto y no se podía mantener la higiene mínima).
Como espectáculo musical, junto a otros grupos,
se presentaron Almafuerte, el viernes, y Catupecu Machu, el sábado.
Más allá de todo lo que se pueda decir, (el
excesivo precio del ingreso, el "negocio" que hace la Municipalidad a costa del
motociclista, los vasos de gaseosa que eran puro hielo; las canciones que tocó
Almafuerte, que no eran las más conocidas, porque así el show cuesta menos
dinero, etc.), el motociclista va a Diamante para divertirse, para viajar, para
estar con amigos, para ver muchas, muchas motos. Como antes íbamos a Azul, ¿se
acuerdan? ¿O había algún otro Encuentro como aquél?
El sábado me sentía muy engripada y
prácticamente me había quedado sin voz. A pesar del desgano y del decaimiento
que el estado gripal acarrea, dimos algunas vueltas por ahí.
Camino a Libertador San Martín, el pueblo donde
nos hospedamos, un árbol que resiste estoicamente el despojo de su tierra.

Este pueblo queda a sólo 16 kilómetros de
Diamante y la mayoría de sus habitantes profesan la religión adventista. Posee
una Universidad, una Iglesia y un Centro de Salud que atraen gente de diversos
lugares.
Desde la puesta de sol del viernes hasta la
puesta de sol del sábado, las actividades en el pueblo se interrumpen. Nos
explicaron que ellos dedican al descanso y a la oración el séptimo día, que es
el día en que Dios descansó de su creación.
Son todos muy amables y da gusto pasear por
esas calles tan prolijas y cuidadas.
¡De
brazos cruzados, pero listos para partir!
Faltaban tres minutos para la largada de la caravana

La
alegría y la emoción se mezclaban con el ruido de los motores,
los
bocinazos y las manos en alto tomando fotos

Un asombro mutuo: el público se maravillaba de
que fuéramos tantos y nosotros nos asombrábamos de que ellos fueran tantos...
¿De dónde salieron? ¡En Diamante no cabe tanta gente!
Es increíble verlos saludar, sacar fotos,
agitar banderas, con sus autos estacionados en la banquina. Ellos están ahí para
vernos pasar y, no les quepa duda, amigos, de que nosotros pasamos por ahí
porque ellos están allí, a la vera del camino, alentando a la caravana.
Por esto, sólo por esto, aunque no hubiera nada
más, Diamante, una y mil veces, bien vale la pena.

¿Nos vemos en dos semanas en el Encuentro de
San Pedro?

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