Resumen del viaje
Recorrido 3.200 kilómetros, en ocho días de viaje, transitando por las
provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y San Luis.
Participaron del viaje: Bocha con Vulcan 500, Mario con Vulcan 500, Alberto con
Vulcan 500, Néstor Nighthawk 250, Tato Mondial 250 y José con Venox 250.-
Escribió: José Salvini –Mar del Plata-Julio2009
Una tarde del mes de abril, Bocha comenta sobre un
proyecto de viaje a Provincia de Córdoba, que lo había tratado con Tato
y Alberto que le gustaría que los acompañara. También invitarían a otros
compañeros. Como estábamos próximos al primero de mayo (un fin de semana
largo) esta situación aceleró los tiempos de partida. Esta circunstancia
favorecía la posibilidad para que confirmara Mario, lo que produjo una
alegría, todos sabemos de su gran corazón además de ser el negociador
oficial, con su presencia tendríamos asegurado nuestros presupuestos en
hoteles y casas de comida. También se sumaría al grupo Néstor.
A Bocha le esperaba una tarea extra, hacer la reparación a la moto de
Tato, la cual se terminó el 30 de abril a la noche. La fecha de partida
estaba programada para el día 1 de Mayo bien temprano, y así fue. Todo
marchaba sincronizado como reloj. Esa mañana de feriado nos concentramos
en Av. Luro y Champagnat, a las 9 horas salimos a la ruta con una mañana
soleada y fresca, a medida que comenzamos a transitar la ansiedad
quedaba atrás. La primera etapa para cargar combustible se realizó
pasando la ciudad de Balcarce en la ruta 226 y el cruce con la 29. Nos
encontrábamos felices comenzando a disfrutar lo que mas nos gusta, andar
en moto. Al cabo del día y varias paradas llegamos a Venado Tuerto (Pcia
de Sta. Fe) 722 Km. ¿Qué tal?
Después de ubicarnos en un Hotel duchados y repuestos, salimos a patear
no queríamos mas moto por ese día. Buscamos un lugar para cenar,
encontramos un lindo restaurante bastante “Cheto” lo que nos obligó a
estudiar el menú de arriba abajo. Por suerte la cuenta no fue tan
dolorosa, conversamos sobre el viaje, el día de sol, las motos y la
próxima etapa a Embalse Río Tercero.
El sábado 2 de mayo como ocurriría durante todo el viaje el primero en
levantarse, Tato, el más madrugador del grupo, nos esperaba con el agua
caliente para el mate. Después del desayuno salimos con otro hermoso día
de sol camino a nuestro próximo destino, realizamos una etapa muy
distendida, llegamos aproximadamente a las 15 horas a la ciudad de
Embalse. Fuimos directamente a la costa del lago. Todo estaba lindo. En
la tarde primaveral el paisaje parecía un sueño. Después de tanta
llanura encontrarnos con la montaña y al pie el lago, que mejor en esa
maravilla que nos brinda la naturaleza que tomar unos ricos mates. Mario
salió con su moto en busca de agua caliente y de paso le trajo a Tato
una bolsita con tuercas para reparar el caño de escape, lo que comenzó a
hacer de inmediato, mientras el resto bromeaba y tomábamos mate. Bocha y
Néstor hacían sociales con los turistas que se acercaban a las motos con
curiosidad; preguntaban desde donde veníamos viajando y todo tipo de
comentarios en un cordial ambiente. Cuando el sol comenzaba a retirarse
después de habernos acompañado le brindaba al paisaje una cuota extra de
belleza. Decidimos buscar alojamiento. Nosotros igual que el sol
necesitábamos descansar ¿Quien mejor para ese requerimiento? Mario el
más dispuesto a encarar consultó con un vecino y este nos recomendó con
un señor que nos alquiló una casita con tres dormitorios y un solo baño.
Esta situación produjo el comentario de Néstor ¿Cómo vamos a hacer seis
personas con un solo baño? Y como suele ocurrir siempre hay que
arreglárselas.
Una vez duchado, cambiado, con ropa mas cómoda salimos para el centro de
Embalse. Era una noche de película cálida y serena, mucha gente en las
calles, turistas que aprovecharon el fin de semana largo, los comercios
funcionando a Full y nosotros allí con nuestras queridas motos. Después
de la vuelta al perro, terminamos estacionando frente a una parrilla que
tenia como señuelo un chivito al asador al que resultaba difícil
resistirse. Después de cambiar opiniones el chivito quedaría para otra
ocasión. Según Mario si pedíamos dos parrilladas comíamos todos. La
sorpresa fue cuando llegó la comida. Nos quedamos mirando con los ojos
como el dos de oro. Nos preguntábamos ¿esta noche nos quedamos con
hambre?, Mientras yo le apuntaba a medio chorizo con mucho cuidado no
sea cosa que alguien me clave un tenedor en la mano, ¡Madre Mía Que
situación! seis tipos hambrientos con tan poca comida, la parrillada que
decía eran para dos personas no alcanzaba para uno de nosotros, y bueno
¿quien podrá salvarnos ahora? Mario como siempre llama a la Camarera.
Esta nos dice que las porciones son tal como las sirvió y que no puede
hacer nada más que llamar al dueño. Este con pocas ganas y de lejos
confirma lo dicho por la camarera. Bien, después de todo, es saludable
cenar poco. Al rato cuando ya estábamos resignados llega la amable
camarera que atendía nuestra mesa con una abundante fuente de matambre
tiernizado y parrillada, además de una botella de buen vino Todo de
regalo. Luego se acercó el dueño a saludarnos. Enterado de que éramos
marplatenses, nos hablo de lo agradecido que le estaba a nuestra querida
ciudad ya que con su trabajo como mozo le permitió tener su propio local
de comidas, con una gran sonrisa y todos contentos. Luego nos fuimos a
tomar un café al centro, Bocha estaba inspirado y yo tentado, me dolía
la panza de tanto reírme.

El domingo amaneció lindo pero el rocío de la noche mojó las motos que quedaron
a la intemperie. Después de secarlas, a cargar el equipaje y a desayunar.
Mientras reponíamos energía programábamos el paseo del día, salimos para Villa
Gral. Belgrano, un lugar por demás pintoresco, muy lindo y ordenado. Además
visitamos Santa Rosa de Calamuchita, y Dique Torre Los Molinos, todos paisajes
hermosos, en este ultimo lugar elegimos un restaurant para almorzar. La vista
panorámica que teníamos se parecía a la mejor postal. Parece mentira que ante
tanta belleza algunos del grupo miraban la carrera de Turismo de Carretera
frente al televisor. Luego salimos hacia el observatorio. Todo lo que veíamos
nos deslumbraba ¿Cómo describir con palabras tanta belleza? Además la adrenalina
a full por la cantidad de curvas cerradas y precipicios, así que se trataba de
meter cambios y doblar de la mejor manera posible, siempre con la ayuda de Dios.
Después de esta visita emprendimos camino a Carlos Paz. Una vez en destino
fuimos a un Hotel en el cual yo conocía al encargado; Este señor nos atendió con
la clásica simpatía cordobesa, el que no pensaba lo mismo fue Bocha, que a pesar
de haber reclamado no le armaron la cama y la tuvo que hacer personalmente. Esto
fue motivo de bromas que el tomó con buen humor, tanbien con el cordobés.
Esa noche de domingo fuimos Mario y yo a visitar a un grupo de motoqueros,
tanbien de Mar del Plata, amigos que habían alquilado una linda casa y
casualmente pasaban sus vacaciones en Carlos Paz. Después del grato momento
vivido con esta linda gente salimos en busca de nuestros queridos compañeros de
grupo. Los ubicamos en la Peatonal tomando una cerveza en una mesa a la calle.
Luego agregamos unas pizzas. Parecía una noche de verano, a las 23 horas
estábamos en manga corta.
Mientras cenábamos comentábamos sobre lo que habíamos visto y vivido, paisajes
maravillosos, clima primaveral y esta posibilidad de realizar el viaje soñado
con nuestras motos.
Al día siguiente, haríamos turismo en las cercanías para darle descanso a
nuestro físico y especialmente al culo, que a esta altura de los acontecimientos
lo teníamos borrado.
El lunes amaneció nublado y amenazante de chaparrones, desayunamos con mucha
tranquilidad y partimos hacia el tradicional Cu-Cú donde sacamos fotos y nos
divertimos con otros turistas que estaban de visita. Luego salimos hacia La
Falda donde se encuentra una conocida fabrica de indumentaria para
motociclistas. Allí Bocha compró un lindo chaleco térmico. Cuando salimos
comenzó a llover. Pero eso no empañó el día. Fuimos a almorzar a un boliche que
se encontraba sobre la ruta mientras hacíamos los pedidos el dueño del local le
permitió a Alberto cambiar el aceite de la moto. En realidad almorzamos muy bien
y cordialmente. La señora camarera, simpática, se prestaba a las bromas, todo
bien, pero a la hora de pagar hubo un mal entendido que nos provocó un pequeño
disgusto. Quiero decir que según mi criterio el error fue de nuestra parte, y
bueno son cosas que pasan diría Larralde. De ahí, al Lago San Roque donde
después del paseo tomamos unos buenos mates con bizcochos, todo ante una vista
panorámica. Después de la merienda partimos hacia el complejo Portal del Lago
una obra espectacular de alto Nivel, donde concurren los participantes de Rally,
imagínate todo para gente como uno, pero no nos animamos a entrar, así que
hicimos exteriores, sacamos fotos, bromas y diversión. Volvimos al centro de
Carlos Paz, a ducharnos, descansar y luego cenar. Caminamos por la peatonal
hasta que encontramos un restaurant con precios acordes a nuestro presupuesto.
Mientras comíamos comentábamos lo bien que aprovechamos el día a pesar de
algunos chaparrones.
Más tarde llamo a un querido amigo motoquero que reside en esa ciudad un médico
pediatra de setenta años y una fuerza espiritual extraordinaria que quería
compartir con mis amigos del grupo. Así que nos encontramos en un café del
centro, entre charlas, anécdotas e información ya que conoce muy bien la zona,
la hora pasó rápidamente, todos quedaron encantados con este personaje,
caminamos juntos hasta el hotel, mi amigo vive al lado.

El martes desayunamos con mucha parsimonia debido a que no es aconsejable ir
temprano a las altas cumbres por el frío. Lo ideal seria llegar sobre el
mediodía, por lo tanto aprovechamos el tiempo para hacer ciertas diligencias.
Néstor salió a comprar calzoncillos ¿vaya a saber porque? Yo salí en busca de un
cajero automático al que trataría de convencerlo para que me tire unos mangos
porque mis bolsillos estaban flacos, y bueno con un cielo totalmente despejado,
no había duda que estábamos recibiendo ayuda del universo. Emprendimos la
trepada con curvas, precipicios, imágenes indescriptibles, aromas, corrientes de
aire fresco y bellísimos colores. En ese escenario estábamos con nuestro desafío
poniéndonos a prueba con nuestras motos se producía una simbiosis con nuestras
máquinas porque por ellas estábamos en esta aventura y de ellas dependía el
regreso a casa. Al llegar a un parador nos juntamos para sacar fotos queríamos
retener y compartir con nuestros seres queridos esas imágenes.
Cuando nos quitamos los cascos vemos en los ojos de Bocha toda una emoción
contenida. No hubo palabras, sólo abrazos. Fue algo mágico. Seguramente no
olvidaremos este momento. Después de superar la parte emotiva, a terminar con la
mariconeada y a seguir trepando la montaña; Todo funcionó a la perfección.
Después de varias paradas llegamos al pueblo de Traslasierra, donde cargamos
combustible. Al lado de la estación de servicio el letrero de un restaurant nos
llamaba para almorzar. Por casualidad el dueño del negocio es un motoquero que
nos atendió de lo mejor. Comimos unas pastas exquisitas y abundantes, además de
una conversación muy amena. Después salimos con destino a Merlo. A pesar de
algún desencuentro, llegamos temprano.
Y bien, para festejar nada mejor que un café que lo tomamos en el centro de la
ciudad en unas mesas instaladas en la vereda como si se tratara de una tarde de
enero, por la temperatura reinante. Después del descanso Tato se ocupó de
conseguir alojamiento. Encontró un Hotel lindo y económico emplazado al pie de
la montaña. Después de la tradicional ducha, como estábamos alejados del centro
salimos con las motos en busca de un lugar para cenar. Encontramos un sitio muy
concurrido atendido por una camarera que le alcanzaba el tiempo y la simpatía
para atender con buen humor a todos. Comimos muy bien y además hicimos
“Delivery” ya que le llevamos un sándwich al Bocha que se había quedado
descansando.
Al día siguiente subimos la montaña camino “al condor”. Como en las anteriores
ocasiones, curvas muy emocionantes, mucha adrenalina y también una gran belleza.
Cuando llegamos al primer parador donde tomamos unos mates conversamos con los
artesanos y repusimos la cuota de coraje necesaria. Decidimos seguir la trepada.
Fue algo maravilloso al llegar al punto más alto. La vista es magnifica. Abajo,
la ciudad de Merlo. Además una curiosidad allí termina el camino asfaltado que
corresponde a la Provincia de San Luis y continúa de tierra que corresponde a la
Pcia de Córdoba. Quizá hubiera estado bueno teniendo otro tipo de motos
continuar por la tierra. Según nos informaron ese camino conduce a Embalse Río
Tercero. Luego de tomar mate en la cima de la montaña decidimos regresar
tranquilos, relajados, contemplando el bello paisaje. Para la tarde teníamos
otro circuito turístico que nos recomendó el dueño del Hotel, asi que esa tarde
fuimos a Bajo Veliz un lugar lindo. No nos pareció muy atractivo, quizás por lo
que habíamos visto anteriormente. De todos modos la pasamos muy bien, compramos
algunos recuerdos. En esa soledad se encontraban dos niños a la espera de algún
perdido turista para vender su mercancía. Después de la compra que hicimos los
chicos se fueron a su casa como dándose por satisfechos. Nosotros nos quedamos
tomando mates. Se nos ocurrió una reflección quizá con nuestra pequeña compra
habíamos contribuido humildemente con ese hogar a donde iban los chicos,
devolviendo algo de lo tanto que veníamos recibiendo.
De regreso fuimos al centro de Merlo, tomando café como siempre en las mesas
instaladas en la vereda. Algunos salieron a hacer compra, recuerdos para
familiares y las motos quedaron estacionadas en una esquina, tal la disposición
municipal. Todo bien, nadie toca nada, solamente turistas que se acercan a mirar
y preguntar cual seria nuestro próximo destino, de donde procedíamos, la
cilindrada de las motos, etc. Todo en un clima cordial. Luego el regreso al
hotel, se presentó una situación por unas mandarinas. Ya el cansancio comenzaba
a hacer acto de presencia y nuestro sentido del humor empezaba a resentirse.
Después de estirar cadenas a las motos de Tato, Néstor y la mía una buena ducha
y a prepararse para ir a cenar. En esta oportunidad Bocha y Alberto se quedarían
por lo del cansancio ¿vio? El resto fuimos a un lugar recomendado por Néstor una
buena ocasión para darle el gusto a un gran amigo que siempre siguió al grupo
sin pedir nada (se banco todo). El Restaurant elegido se llama “la Farola”, un
lugar distinguido donde comimos exquisito cabrito. Fue una cena muy buena, una
pena por las ausencias.
Al día siguiente nos levantamos temprano. Comenzamos a cargar el equipaje. El
próximo destino seria Potrero de Los Funes. Mientras realizamos esa tarea me
entero que Alberto hacia dos noches que no lograba dormir. Por ese motivo hice
la propuesta de emprender el regreso desde Merlo a casa. Por supuesto haciendo
una etapa intermedia, pero esa moción no prosperó. Así que partimos a Potrero de
Los Funes, creo que todos estábamos cansados la fatiga se hacia presente, las
diferencias de humor se acentuaban, los ánimos no eran los mismos de los
primeros días. Después de recorrer aproximadamente ciento ochenta Km. por una
muy buena carretera, Bocha y Alberto se adelantaban en el camino como jugando
con sus maquinas de mayor potencia. Luego nos esperaban a efectos de no perder
de vista al resto del grupo que viajamos a velocidad acorde a nuestras motos,
salvo Mario que nos hizo el aguante. Y así llegamos a destino. Fuimos a conocer
el autodromo, una magnifica obra. El mismo se encuentra ensamblado en la montaña
al margen de un lago. Además cuenta con un hotel de gran categoría. Aprovechamos
la oportunidad para dar una vuelta, seguramente nos creíamos Valentino Rossi.
Estuvo muy bueno. Para festejar en el podio nada mejor que unos buenos mates
reemplazando el tradicional champagne. Después comenzamos a programar el
regreso. Se propuso la idea de administrar los tiempos haciendo mas cortas las
paradas y no exigir a las motos de menor cilindrada. Llegado al mediodía,
todavía en la Pcia de San Luis, realizamos la primer parada mientras reponíamos
combustible. Otra controversia: Mario quería ir a comer una sándwich de lomito u
otra carne. Bocha prefería comer algo en la misma Estación de Servicio, que me
parecía lo más conveniente. Pero ante esta situación decidí no comer y tomé una
gaseosa. Lo mismo hicieron Tato y Néstor. Nos quedamos al lado de nuestras motos
mientras el resto en el salón comedor disfrutando con mucha parsimonia su
comida. Este trámite demandó una hora. Nada que ver con lo que habíamos acordado
un rato antes. No puedo negar que esto me molestó. De todos modos quiero
aprovechar esta oportunidad para disculparme con mis compañeros.
Hoy día 9 de julio del 2009 retomo este borrador para finalizar este diario de
viaje. Les quiero contar que estoy muy triste como lo estarán muchísimos
compañeros del motociclismo porque falleció mi querido amigo Hugo, un ser
maravilloso que nos deja y como dice Alberto Cortes “cuando un amigo se va queda
un espacio vacío” …. Personalmente tuve la oportunidad y el honor de compartir
un hermoso y largo viaje con Hugo y su hermano Ricardo al que me une una franca
e invalorable amistad, se que Hugo está al lado de Dios porque ahí van los
hombres buenos. Querido amigo te voy a extrañar mucho.
Después de esa etapa continuamos con el viaje, a marcha lenta, hasta llegar a la
ciudad de Rufino Pcia de Santa Fe. Estábamos cansados, por ese motivo fuimos al
mejor Hotel y nos hospedamos en habitaciones individuales. Después de la ducha
nos juntamos para ir a cenar. Todos, menos Tato que se adelantó e hizo noche en
Junin. Esa cena de despedida fue muy agradable. Pero como toda despedida tiene
un sabor agridulce; brindamos por el viaje, por la suerte que siempre estuvo de
nuestro lado, por nuestra salud, por el comportamiento de las motos y para que
Dios nos guíe en la última etapa hacia casa. Después del brindis Mario y Néstor
se quedaron en un Ciber, Alberto, Bocha y yo fuimos a un café donde compartimos
un lindo momento.
Al día siguiente, bien temprano retiramos las motos del estacionamiento y
comenzamos a cargar el equipaje. A las 8 de la mañana me adelanto al grupo y
salgo hacia Junín donde me esperaba Tato. El resto del grupo esperaba a Néstor
que se demoraba, porque tiene toda una rutina para hacer la “cacona matinal”.
Cuando llego a Junín allí estaba Tato, que esperaba hacia horas. Juntos, a
marcha lenta, llegamos a Saladillo, donde nos reagrupamos con el resto. Menos
Alberto, que tomó otra ruta.
Al llegar a nuestra querida ciudad de Mar del Plata, nos esperaban para darnos
la bienvenida unos amigos de fierro Ricardo y Hugo.
Fue muy emotivo.
Para finalizar este relato quiero dejar por escrito el agradecimiento a mi
compañera de vida mi querida Ester, que me
estimuló, comprendió y colaboró para que pueda realizar esta pequeña e
importante aventura, mi eterna gratitud a los compañeros que me invitaron a
participar y que supieron disimular las diferencias, este recuerdo lo llevaré
siempre guardado en mi corazón.

©
Hecho el
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