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¿Una cuestión de género o de ignorancia?
Situación 1:
Una mujer motociclista que conocemos pregunta:
- ¿Venís a la Caravana del Invierno?
- ¿Cuándo es? – pregunta Néstor
- En junio, ¡dale, venite!
Yo estoy parada junto a la mujer.
Situación 2:
Un hombre mira los calcos de la moto y le pregunta a
Néstor:
- ¿A todos esos lugares te fuiste?
- Sí.
- ¿Con esta moto?
- ¡Sí!
- ¡Te felicito, flaco!
Yo estoy en la moto, junto a Néstor.
Situación 3:
Llegamos al punto de encuentro con los chicos de las
motos. Me bajo y voy al baño. Mientras tanto, una mujer conocida que hace años
que no vemos, se acerca a Néstor:
- Hola, ¿cómo te va?
- Hola.
- ¿Te acordás de mí? Hace mucho que no nos veíamos.
- Sí, es verdad.
Salgo del baño, espero el saludo, la miro, pero recibo sólo una tímida sonrisa
silenciosa.
Situación 4:
Un motociclista conocido, que sabe que siempre
viajamos juntos, pregunta:
- ¿Y este verano a dónde te fuiste?
- Al Encuentro de Las Heras, en Santa Cruz.
- ¿Hasta allá te fuiste con la Jawa?
Yo estoy junto a ellos.
Situación 5:
Un policía de tránsito haciendo los controles, nos
hace detener, se acerca y dice:
- Buenas tardes, señor, ¿me permite los papeles?
- Sí.
- ¿Hacia dónde se dirige?
Yo estoy sentada en el asiento trasero de la moto y me dirijo hacia el mismo
lugar que el piloto (¡obviamente!).
Situación 6:
Un amigo quiere tomarnos una foto con nuestra moto. Se
demora mientras lo esperamos, pero toma la foto justo cuando salgo de la escena
para buscar algo.
Situación 7:
Revisamos todo con el editor de nuestro libro Andanzas (agosto
2007), corregimos todos los errores, queda todo en orden.
Pero...
al recibir el libro en casa, oh, oh!, la solapa de la tapa, que debía contener
mis datos, pues soy la autora,
está en
la contratapa, detrás de todo, y la de Néstor, adelante, en la tapa.
¿Por
qué se le habrá ocurrido al editor cambiarlas de lugar, si se las entregué
perfectamente en donde correspondía,
y así
estaban cuando hicimos la última prueba?
Después de haber vivido en los últimos diez años quinientas situaciones como
éstas, he llegado a la conclusión de que represento un prodigio de la
naturaleza: soy invisible.
¿Alguna vez les ha pasado algo así, dignas personas que viajan en el asiento de
atrás? ¿Por qué no se nos ve? O lo que es aún peor: ¿por qué se nos ignora?
Me pregunto si se trata de una cuestión de género, que hace que no se acepte a
una mujer que viaja junto a su marido en la misma moto, o si es una simple
cuestión de ignorancia, de mala educación. ¿Nunca les pasó de estar en una
conversación entre tres o cuatro personas, pero la persona que habla mira
siempre a la misma, como excluyendo del tema a los demás?
¿Actuarían así esas personas si supieran que
ésa que excluyeron es quien
responde los correos electrónicos y los mensajes de texto, o quien sube sus
fotos a la web luego de alguna salida, o quien realiza las invitaciones y las
confirmaciones de los paseos mediante el celular? ¿Actuarían así si conocieran
que es quien prepara la ropa y los regalos cuando hay una salida solidaria, o
quien lleva el mantelito sobre el que ellos almuerzan, por ejemplo? ¿Actuarían
así si supieran que esa persona también sabe manejar motos? ¿Y si supieran que
es la que se encarga de lavarla, de pagar el seguro y de alistar papeles y
repuestos?
Es sabido que el piloto es indispensable, pero
no se trata de tener que demostrar a los demás que nosotras/os, los que vamos
atrás, también podríamos conducir. Bernardo, un amigo de España, propone que me
saque fotos conduciendo la moto, pero la cuestión no pasa por ahí. La cuestión
es que, no sólo a través de los correos electrónicos sino también en persona,
mucha gente nos ignora, como habrán visto en las situaciones de ejemplo. Tampoco
sirve ponernos en el lugar de víctimas: en última instancia, somos nosotros
quienes, de diversas maneras, nos daremos nuestro lugar. Y esta expresión del
desencanto, con la consiguiente propuesta, es un primer paso.
La verdad es que pensé en escribir sobre esto, no porque sea paranoica, sino
porque otras mujeres me han contado vivencias similares. Creo que la cuestión de
género está presente, sin dudas, en la concepción del mundo de los protagonistas
de estas situaciones (todas reales), y también creo que hay gente cuyo fuerte no
es la delicadeza ni la consideración.
Es una suerte que tengamos amigos de lo más educados y agradables, junto a
quienes es un placer viajar y conversar, para saber que el prejuicio que se
tiene sobre los motociclistas no nos abarca a todos, sino solamente a aquellos
que lo alimentan día a día con sus mezquinas actitudes.
Por esto, propongo un
Movimiento de reivindicación del
copiloto.
Rutas en dos Ruedas fue
el primer sitio web de motos hecho por una pareja de un hombre y una mujer que
viajan juntos. Fuimos los primeros en firmar todos nuestros mensajes con el
nombre de ambos, (porque los dos disfrutamos de la moto), cosa que muchos han imitado después, lo cual nos
encanta.
Entonces... Mujeres y hombres que ocupan
el digno asiento trasero de las motocicletas, ¡dense el lugar que les
corresponde! ¡Defiendan su derecho a ser tenidos en cuenta, a no ser excluidos
de las conversaciones, a recibir los mismos honores que el conductor luego de un
viaje!
¡Defiendan el plural!!!
No “viajó”, ¡viajamos!
No “irá”, ¡iremos!
Porque el copiloto también existe...
www.rutasendosruedas.com.ar
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Leé más sobre nuestro
libro de relatos de viaje

Hecho el depósito que prevé la ley 11723.
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