No sé si el título es apropiado pero lo dejamos así por ahora, este relato es
una historia sin historia, una reseña de lo que pasa cuando uno no abandona el
camino que tenemos delante, la huella marcada. La excusas del por qué no lo
hacemos son infinitas, falta de tiempo,.. para qué?; y quién sabe cuántas más.
Frank Sinatra en su famoso tema A mi manera, nos cantaba:
”Regrets, I have a few,
But then again,
To few to mention”
Que mas o menos se pueden traducir a algo así como “ De algunas cosas me
arrepiento, pero son tan pocas que no vale la pena mencionarlas” .
Mi historia se refiere a uno de estos momentos que en mi caso tal vez no van a
ser tan pocas, pero en esta oportunidad yo lo voy a mencionar.
Saliendo de Sydney hacia el Norte hay un camino secundario de esos que los
motociclistas tanto amamos, por lo tranquilo y la cantidad de curvas, no muy
cerradas por las que se puede mantener un buen ritmo y soñar con que uno es Troy
Baylist. Marchando por esta serpentina se llega a un pueblo/ciudad llamado
Cesnoc, en esta zona hay muchas chacras, casi todas dedicadas a la industria
lechera.
Una de estas chacras esta ubicada justo en una de estas curvas y el camino
parece darle la vuelta alrededor, mostrando toda la casa, con sus anchas
barandas.
Hace mas de veinte años ya cuando pasaba por este lugar un sábado por la mañana
de camino a un encuentro de motos, cuando veo que al costado de la casa había
una moto parada y su dueño descansando apoyado en la baranda, mirando hacia el
camino.
Mi reacción fue inmediata y automática, un par de hits a la bocina y una mano en
alto, el saludo fue respondido al instante y no con poca euforia, yo continué mi
camino al rally donde pase un buen W/E. camino a casa me distraje y cuando me di
cuenta Cesnoc estaba varios Km. detrás.
Y esta ceremonia del saludo en alto se repitió muchas veces a través de los
años, ya a esta altura pasaba mas despacio y mirando, buscando a mi amigo a
distancia, al cual siempre lo sorprendía haciendo cosas en su campo, un día con
las vacas, otro bajo el capot del camión, tomando una cerveza con amigos en una
fiesta, en fin cosas de la vida diaria.
También con el pasar de los años fui notando los cambios en la casa, los
agregados, mas galpones, diferentes motos y hasta me alegro cuando vi ropitas de
de bebe en el tendedero.
Estas se fueron agrandando y no mucho mas tarde aparecieron las motitos de cross
de los chicos. Yo por lo general soy de pasar unas tres veces al año por ese
lugar y si bien siempre tuve intención de detenerme por un motivo u otro nunca
lo hice, siempre algo me llevaba de apuro.
Un día iba muy decidido a pasar por lo de “mi amigo”, decidido a parar a
presentarme y charlar un rato, total al encuentro que iba estaba a menos de dos
horas de su casa así que había tiempo.
Cuando estoy bajando la lomada que me lleva a la curva de la casa veo que hay
muchos autos, y en particular dos negros y largos, tomando el frente de la casa,
bajé la velocidad hasta casi parar el la banquina, me di cuenta que hoy no iba a
ser bien recibido. Continué mi marcha más lenta
y con un aire mas sombrío.
A los pocos meses volví a pasar por el lugar el pasto alto, todo cerrado y un
cartel de Se Vende atado al alambrado
me dieron todas las indicaciones que hacían
falta.
Yo continué pasando por el lugar, hoy vive otra familia,
pero ya no es lo mismo.
El sentimiento que tengo, no de que fue una oportunidad perdida, sino de que fue
una oportunidad desaprovechada, y eso es lo que me pesa.
De no haberme desviado del camino a tiempo.
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