A veces
las palabras descubren segundas intenciones. Otras, ocultan más de lo que dicen.
Pero siempre, siempre, delatan los prejuicios del hablante. Porque las palabras
revelan y precisamente por eso se vuelven peligrosas cuando son manipuladas por
los cada vez más poderosos medios de comunicación.
Cada vez
que aparece una moto, incansablemente se oye en los medios la palabra MOTOQUERO,
que no sé bien lo que significa, pero que esconde una connotación sumamente
discriminatoria. En reiteradas ocasiones se piensa en el motoquero como una
persona poco confiable, indeseable o delincuente. ¡Nos ha pasado de recibir
negativas en hoteles cuando nos ven subidos a una moto! Cuando aparece este vocablo, se piensa que el que anda en moto
es un ser enfundado en cuero con tachas desde los pies a la cabeza, lleno de
tatuajes, pañuelos en el cabello que, montado a su gigantesca moto -tan
llamativa como él, adornada con cuernos y tridentes- parece convertirse en un
gladiador pendenciero que lo único que es capaz de hacer en la vida es subirse a
su moto para exhibirse o presentarse en el programa de Susana Giménez. Pero no es así…
Me dirán:
esos “personajes” existen… Quizá ustedes sean uno de ellos. Por supuesto -y por suerte- que el mundo cuenta con
seres llamativos y sobresalientes por su aspecto que tornan más rico,
interesante y diverso el espectro cultural de la vida, pero hay que aclarar
algo: los llamados “motoqueros” no son representativos de los MOTOCICLISTAS, son
sólo algunos de ellos y todos compartimos la misma pasión por las motos.
Nosotros,
los motociclistas, somos profesores, plomeros, comerciantes, oficinistas,
fleteros, amas de casa, jubilados, técnicos, etc. que amamos las motos
(las que tenemos y las que quisiéramos tener), que recorremos el país con ellas
cuando podemos, que no discriminamos a nadie por la moto que tenga, por la
situación económica que atraviese, o por la ropa que use, y que nos divertimos
paseando en familia, conociendo gente y colaborando con las personas a quienes
les podemos ofrecer algo de lo poco que tenemos. Pero no les interesamos a los medios, que
sólo muestran el cuero negro, los tatuajes y los fierros infernales.
Quienes
andamos en moto, disfrutamos como locos
el
viento en la cara,
las
lágrimas en los ojos los fríos días de invierno,
la lluvia
pesada en las rutas solitarias,
el sol
abrasador del asfalto en verano,
el mate
caliente
y el
asado cada vez menos frecuente…
Quienes
andamos en moto somos quienes, luego del paseo del domingo, volvemos a enseñar a
nuestros alumnos, a atender a nuestros clientes, a realizar las tareas de la
casa, a trabajar como de costumbre. Quienes andamos en moto somos nosotros,
los
MOTOCICLISTAS.

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