Durante siete veranos consecutivos habíamos
viajado a la mágica Patagonia. Ya era tiempo de cambiar, así que esta vez
elegimos Córdoba...
En el camino de ida nos demoramos
excesivamente, porque debimos desarmar la rueda trasera en tres oportunidades,
debido a pinchaduras o a que la cubierta "mordía" la cámara. El sol y el calor
nos acompañaron durante todo el viaje, que culminó a las 24 hs. en punto, cuando
arribamos a nuestro primer punto del recorrido: Villa
Rumipal.

Como se ve en la foto,
Villa Rumipal es un hermoso pueblo serrano que
se extiende a la orilla del lago del Embalse Río Tercero, apto para la práctica
de deportes náuticos y de la natación. Es una villa tranquila que tiene varios
atractivos para disfrutar, como el ascenso al Cerro Rumipal, desde donde está
tomada la foto.
Allí permanecimos durante todo enero, vendiendo
-como ya es costumbre- nuestras artesanías en el Paseo Artesanal.
Cercanos a la Villa aparecen varias ciudades
muy bellas, como Santa Rosa de Calamuchita,
centro del Valle del mismo nombre. Rodeada por las aguas del Río Santa Rosa, es
un atractivo centro turístico.
A sólo 25 Km. de Rumipal, se ubica Villa General Belgrano, una aldea de estilo
alemán con calles y comercios muy pintorescos. Se desarrolla allí una intensa
actividad cultural durante todo el año. Su plaza principal reproduce escudos
europeos, (como se aprecia en la foto) y todo en la ciudad recuerda la cerveza,
producto que originó el famoso Oktoberfest.
Siguiendo por la ruta hacia el Norte, camino a
Córdoba Capital, pasamos por el increíble Dique de los
Molinos, cuyo camino serpenteante sirve de espectacular marco a sus
paisajes. Observen el atardecer...

También visitamos
Villa Carlos Paz, que parece quedar pequeña para tanta gente, pero su
encanto sigue inalterable. En la ciudad se cruza el río por un puente y,
continuando el camino, disfrutás de su vista desde en frente...

Paseamos por Tanti,
llegamos hasta Cosquín y por supuesto
recorrimos Córdoba, que es otra Buenos
Aires: llena de gente, de negocios, de ruido...
Te contamos una anécdota que refleja otra más
de las contradicciones de nuestra Argentina: yendo de Córdoba hacia Carlos Paz
hay un peaje en el que las motos pagan cincuenta centavos. Cuando nos acercamos
a pagar con un LECOR de un peso (nada más) el empleado no nos quiso cobrar,
"porque no hay lecor de cincuenta centavos para darte el vuelto"... ¿Y qué culpa
tenemos?... No hubo caso... Finalmente, unos chicos que venían en una moto
detrás de nosotros nos pagaron nuestro peaje. Claro que después los alcanzamos y
les dimos el dinero, pero... no es extraño que, queriendo pagar con la plata con
que esa provincia les paga a sus empleados, no nos la quieran aceptar?
Seguramente estaríamos viajando por el Reino del Revés que canta María Elena y
no nos dimos cuenta.
¿Recorrieron el camino
de las cien curvas alguna vez?... Conduce al
Dique San Roque y es tan zigzagueante que
¡no
hay una recta de más de treinta metros!!! Si tienen oportunidad
¡no se lo pierdan!
Regresando del Valle de Punilla, nos detuvimos
en Alta Gracia. Ciudad con historia, atesora
en su centro una iglesia jesuítica que fue declarada
Patrimonio de la Humanidad; un Museo que fue casa del
Virrey Liniers y otro que cobijó al
Che Guevara. Tiene varios lugares dignos de
conocer. Los amantes de los fierros quizá sepan que allí tiene su centro de
trabajo Oreste Berta, nada menos.

Otros lugares lindos para conocer, cercanos a
Villa Rumipal, son Amboy (un viejo y
apacible pueblo), Villa del Dique y
Embalse (estos dos últimos se encuentran
antes de llegar a Rumipal, desde Bs. As.).
¿Saben?... En cada viaje conocemos gente
especial. En éste tuvimos el placer de conversar con
Rafael Bosio, un verborrágico y muy amable señor, que fue parte
importante de la infancia de muchos: durante años fue dibujante y guionista de
Larguirucho Nos ha relatado muchas
anécdotas y guarda muy buenos recuerdos de sus épocas de trabajo con García
Ferré.
También conocimos a
Dany, ("Jesús"), un loco lindo que tiene
¡una Jawa en Villa Rumipal! Allí está lleno de scooters y ciclomotores, pero
encontrar una Jawa... La suya es chopper y la personalizó a su gusto.
En fin... Luego de treinta y cinco días en el
tranquilo y agreste Valle de Calamuchita...
era hora de volver a casa. Pero antes, decidimos pasar por Mendoza, ya que
quedaba sólo a algo más de quinientos kilómetros...
La ruta nacional 7, que pasa por San Luis es
algo aburrida, sobre todo si les toca un día de 38 grados, en que el cansancio y
el calor hacen que no disfrutes bien de nada. Están trabajando mucho para
ensancharla, en poco tiempo más quedará como una autopista.

En el centro de San
Luis hay una hermosa iglesia, creo que es Catedral, a la que desde
ningún lugar se le puede tomar una fotografía completa. También hay una oficina
de informes turísticos muy bien puesta, pero con una deficiente atención. Camino
a la ciudad, por la ruta, se ve el inmenso parque industrial... Pero también se
ven barrios de gente muy pobre...
Aquí Desaguadero, la entrada a la provincia de
Mendoza, la "tierra del Sol y
del buen vino". Impresionante el calor que hacía, y la cantidad de
camiones que se amontonaban para el control...

Bien. Arribamos a
Mendoza antes de las siete de la tarde, envueltos en una neblina de
humo de incendios que no nos dejaba ver las montañas.
Dimos vueltas por el centro y fuimos a buscar
información. Fue una odisea encontrar el camping de noche. Allí no pudimos
conocer mucho porque también participamos de una Feria Artesanal, pero nos dimos
el gusto de ascender al Cerro de la Gloria,
donde se halla el monumento con que la Patria agradece al Ejército de los Andes.

Una tarde quisimos conocer la
Reserva Natural Divisadero Largo, pero al
llegar nos informaron que no podríamos ingresar ya que se encontraba cerrada por
prevención, a causa de los incendios, que no estaban lejos de ahí. Sin embargo,
nos atendieron muy amablemente, nos permitieron recorrer la entrada y nos dieron
un folleto explicativo.
Ya nos habíamos deslumbrado con el enorme
helicóptero estacionado, cuando advertimos el saludo de un grupo de hombres
jóvenes que terminaban su sencillo almuerzo y se disponían a abordarlo. Tuvimos
el privilegio de presenciar los preparativos y de ver ascender el helicóptero,
rumbo a la montaña a combatir el incendio. Es una sensación única,
indescriptible... No sólo por la fuerza con que marcha esa hélice, sino por el
valor de esos hombres, que viven arriesgándose para realizar una labor nunca
bien reconocida.
Uno de los tripulantes permaneció en tierra y
se quedó conversando con nosotros largo rato, hasta que sus compañeros volvieron
en su busca y se hizo el relevo. ¡Nos contó tantas cosas!. Un muchacho muy culto
que debió resignar la posibilidad de una familia por la fuerza de su vocación,
la misma que le insistió para que abandonara su plácida vida en Miami y
regresara a su patria.
Mucho charlamos con él. Se llama
Jorge Martínez, "como el actor, aunque él no es
tan buen mozo como yo", nos dijo sonriendo. Antes de despedirnos, le agradecimos
todo el trabajo que realizan contra el fuego en campos y cerros en llamas. Por
segunda vez vimos ascender el inmenso aparato... Nos saludaron desde arriba.
El viaje a Mendoza ya valía la pena...

Cerca del centro de la ciudad, fuimos a conocer
la Capilla de
Nuestra Señora de Lourdes. Es un lugar especial, porque tiene una
capilla añosa y junto a ella un enorme edificio de cristales azules, que más
parece un centro de convenciones que una iglesia. Pero lo más llamativo es que,
al entrar al predio, se disponen unas canillas que brindan agua bendita. Podés
llevarte agua en bidones, lavarte o tomarla, dicen los carteles, pero advierten
que no laves tu vehículo allí mismo. Nos han contado que los mendocinos, antes
de emprender un viaje, acuden a la Virgen de Lourdes para que los proteja y
lavan sus autos con agua bendita, para asegurarse un buen viaje.
Todo muy lindo en Mendoza, pero había que
regresar. Decidimos hacerlo por la ruta que nos llevaba a
San Rafael, aunque ése fuera el camino más largo. Una vez allí,
nos llegamos hasta el Cañón del Atuel, por
un camino sinuoso entre cerros rojizos y a la vera del río.

Antes de llegar a la represa, el camino
asciende angosto y pasa por debajo de la montaña, en plena oscuridad...
¡Entrá,
te invitamos!...
Al salir de allí, el paisaje no podría ser más
hermoso: el lago se extiende ante nuestros ojos asombrados y nos propone un
recodo para el descanso.
En ese punto, el camino sigue hasta
El Nihuil, pero nosotros regresamos a San
Rafael y de allí a la ruta.
A la medianoche paramos en un camping y a la
mañana siguiente, bien temprano, le quitamos a la Jawa más de siete kilos de
encima, mandamos una encomienda desde Las Heras
y continuamos el viaje por la ruta 188.
La verdad es que está muy rota en algunas
partes y que dificulta el andar. En La Pampa y Buenos Aires debieron levantar el
camino porque las inundaciones lo habían tapado. La tierra volaba mientras nos
acercábamos cada vez más a casa...

Dale... Subí a la moto, tomá la ruta y despegá...
¡Hasta la próxima!

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