Era el amanecer del sábado 28 de
diciembre del 96 cuando cargamos sin
piedad los bultos y partimos desde Banfield a bordo
de nuestra fiel Jawa 350 rumbo a la mágica Patagonia.
Como empujados por una ansiedad sin límites llegamos al atardecer a
Sierra de la Ventana, donde decidimos pasar la
noche: ese cielo tan estrellado y lleno de satélites cobijó nuestra cena junto
al río Sauce Grande.
A la mañana
siguiente, continuamos el viaje y al mediodía almorzamos
en el parador del Km. 711 (un lugar ubicado a 25
Km. de Bahía Blanca y donde se filmó parte de la película "Caballos Salvajes"),
pero cuando nos dispusimos a continuar, ELLA no arrancaba... Después de probar
con las bujías y los platinos, lo comprendimos: se había quemado una bobina.
Pensábamos que ya empezaban los problemas, puesto que era imposible conseguir
repuestos un día domingo. sin embargo, para hacer frente a los inconvenientes
sólo fue necesaria la solidaridad de la gente, la cual comenzaba a manifestarse
y nos acompañaría luego durante toda la travesía. Unos
muchachos nos consiguieron una bobina en Bahía (¡nos llevaron y nos trajeron hasta Bahía en su Citroën!) y así, a la noche, la moto estuvo casi
lista. Sólo faltaba ponerla a punto, cosa que logramos al día siguiente (para
eso debimos retornar a Bahía). A la tarde cruzamos por fin la provincia
de Río Negro y disfrutamos de una clara nochecita a la orilla del
Río Colorado. Había sido un largo día...
El 31,
finalmente, alcanzamos nuestro primer objetivo en el itinerario:
Las Grutas, un balneario de aguas cálidas cercano a
San Antonio Oeste. Allí acampamos y permanecimos
por casi un mes vendiendo artesanías en la feria, lo que nos permitió juntar
algo de dinero para proseguir el viaje.
A fines de
enero nos despedimos de estas grandes playas y de ese clima excesivamente cálido
y ventoso y nos dirigimos a Chubut. Sabíamos que en
Sierra Grande la nafta costaba la mitad y por eso
tratamos de especular, mintiéndonos que teníamos suficiente combustible. Claro, no contábamos con el insufrible viento en contra
que soplaba en ese momento ni con las lomas del camino, y nos quedamos sin
reserva 25 Km. antes de llegar allí. Mientras mi piloto se quedaba en la ruta bajo
un sol abrasador (era la hora de la siesta), yo logré hacer dedo hasta Sierra
Grande, pedir un bidón prestado, comprar nafta y volver...¡ en camión! A pesar
de todo, el desierto patagónico cuenta con dos tesoros: la simple hermosura de
su vastedad y la calidez del hombre sureño.
Al entrar en
Chubut el clima se tornó más frío, pero eso no logró opacar la belleza de Puerto Madryn, una moderna ciudad que ofrece -desde
el segundo acceso por la ruta 3- una increíble vista panorámica.

Permanecimos
allí tres días y luego partimos hacia Trelew. Era
justamente ahí donde empezaba nuestro mayor desafío: cruzar el desierto
chubutense.
Tomamos la ruta 25,
recorrimos Gaiman, Dolavon y Las Chapas y nos
sorprendimos con la genuina belleza del dique Florentino
Ameghino sobre el río Chubut (un lugar de ensueño). Pero sobrevino un "pequeño" inconveniente: en el camino ...¡
habíamos perdido la carpa!… Regresamos más de 80
km. hasta Dolavon pero no pudimos encontrarla, así que decidimos volver al
Dique. Por suerte, allí había un alma piadosa: la del Yeye
Thomas (famoso corredor de
autos de la zona) quien nos prestó su camioneta para resguardarnos del frío y
dormir sin problemas.
A la mañana
siguiente partimos decididos a llegar a Esquel como fuera, pero el viento nos
jugó en contra y tuvimos que regresar a Trelew.
Allí compramos una carpa y de paso aprovechamos para conocer
Playa Unión , donde nos vimos demorados dos días
por la lluvia y el frío. Nuestro bolsillo y nuestro desánimo intentaban hacernos
regresar, pero deseábamos tanto llegar a la cordillera que finalmente
recorrimos- ¡ por quinta vez !- el trayecto hasta el Dique, pasamos por
Los Altares y llegamos hasta
Paso de Indios.
El cansancio nos obligó a armar la carpa junto a una
estación de servicio , pero nuevamente el inhóspito viento y la lluvia nos
paralizaron dos días más. Los lugareños nos decían que ese clima no era común en
esa época; de todos modos , nos parecía que todo se confabulaba contra nosotros.

El 4 de
febrero , con un frío que inmovilizaba hasta las lágrimas , continuamos hacia
Pampa de Agnia y devorando el maravilloso paisaje
arribamos a Tecka, donde nos premiamos con un rico
y humeante café con leche. Sólo faltaban 100 Km.; y entretenidos entre cerros,
paredes de piedra y cabras que se cruzaban en el camino, nos olvidamos del frío
y conocimos Esquel. Estuvimos tres días en esta
hermosa ciudad y nos hicimos un tiempo para recorrer los escasos Km. que la
separan de Trevelin, un pueblito que cuenta entre
sus orgullos con la tumba del caballo Malacara (que allá por el 1800 y pico
salvó a su dueño de morir en un ataque de los indios).
Luego de visitar el
Viejo Expreso Patagónico ( la trochita ) partimos hacia El
Maitén ,donde permanecimos una noche y hasta nos dimos el gusto de pescar
truchas . ¡ Cómo sufría " ELLA " - la Jawa - con ese ripio tan desparejo ! No
podíamos superar los 30 Km. por hora , pero gracias a mi excelente conductor no
nos caímos en ningún momento.
Un día
después partimos hacia El Bolsón y el paisaje era
más asombroso a medida que nos acercábamos a Epuyén, lugar donde se produce la mayor cantidad de fruta fina. En El Bolsón, las
amenazantes nubes nos " empujaron " literalmente al tibio ambiente de un bar (aunque también caro , como para "compensar"), desde cuyas ventanas comenzamos
a ver caer la lluvia. A pesar de no contar con trajes impermeables, la
ansiedad por arribar a la tan querida ciudad de San Carlos
de Bariloche nos dio fuerzas para consumir - bajo los persistentes lluvia
y frío - los 120 Km. que nos distanciaban de ella. La verdad es que se nos
hicieron interminables; sin embargo, la alegría de ver - empapados, muertos de
frío y hambrientos - las aguas del Nahuel Huapi fue, por eso, incomparable .
Ese lugar nos parecía
la síntesis de toda la hermosura que veníamos admirando desde hacía 40 días. ¡
El sueño estaba cumplido! Nos quedamos allí " sólo" seis días (hubiéramos
querido no volver, pero los fondos eran escasos). Fuimos a Puerto Pañuelo, al
Lago Moreno, a Colonia Suiza, al Cerro Catedral, al Lago Gutiérrez, hicimos
el Circuito Chico... ¡ Pero qué les vamos a contar, si eso no se puede
describir ! Lo prodigiosa que fue la naturaleza en este rincón del país, más
el enorme respeto que tiene esa gente por su historia y su lugar, conforman una
región única.
El curanto en Colonia
Suiza: una tradición que cruzó la Cordillera, ya que es una comida que en Chile
se prepara con mariscos. Aquí, en cambio, se eligen carnes rojas y verduras. Se
cocina en un pozo en la tierra, sobre piedras calientes y se lo tapa con hojas
de nalcas. A la hora, está listo para chuparse los dedos!

ELLA no tuvo ningún problema, salvo que a veces se confundía con el paisaje
de tanta tierra que acumulaba. Le compramos bujías, pero no fue necesario
cambiarlas. Tampoco pinchamos y eso que anduvimos por toda clase de caminos:
arena, ripio, rutas buenas y otras desastrosas... Del intenso calor de la
costa con días de 40 grados, pasamos al cruento frío de la cordillera (en Esquel había nevado), y sin embargo Ella soportó todo. Pero ya era
hora de regresar...
La partida
siempre empieza con un sabor amargo. Tomamos la ruta 237 bordeando el Río Limay, luego la 22 para pasar por Neuquén, Gral. Roca, Villa
Regina... y así cada vez más cerca de casa. Pero luego, poco a poco, se
produjo la recuperación de las inolvidables experiencias vividas, la gente
solidaria, los paisajes que conocimos, las cosas invalorables que aprendimos...
y por supuesto el reconocimiento de que la gracia del viaje fue haberlo hecho
con ELLA, la Jawa que nos llevó durante 51 días por cada uno de los 5.775
Km.
que constituyeron nuestro itinerario por la siempre sorprendente Patagonia
argentina. Que tiene como un imán y siempre te hace querer volver...

Total: 5.775
Km.

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