Nunca
les recomendé un libro,
aunque
hay algunos que me han marcado para siempre,
(sí,
hay cosas que, todavía, son para siempre).
Pero
esta vez quiero sugerirles uno.
Porque
es lírico, tierno, dulce, agrio. Como la vida.
Y la
verdad es que hay páginas enteras que parecen tomadas de mi Diario!
No
porque yo escriba tan bien, sino porque he escrito sobre lo mismo.
Iguales
preguntas, iguales enojos, iguales silencios...
Se
trata de Cartas al Rey de la Cabina, de
Luis M. Pescetti.
Para
entusiasmarlos les copio unos fragmentos.
Cada
uno de ustedes sabrá a quién dedicarlos,
porque
quien más, quien menos,
todos
hemos tenido nuestro Rey de la Cabina,
como
Paloma, a quien hemos escrito incansablemente
haciendo preguntas que nunca respondió...
Yo no puedo dejar de hacer promesas y tú
necesitabas romper con todas.
Fuiste una esperanza voraz, ¿cómo se escapa de
eso?
No podrás recorrer tus pasos y retirar promesas
como quien quita la ropa tendida.
Todas tus promesas ya no están donde las dejaste.
¿Acaso crees que te podrás esconder de lo que un
día deseaste?
¿No es más fácil fracasar que esconderse?
Baja de tu grúa a estirar los brazos.
Ven a ver cómo falla, también, la primavera.
Esta tarde han fracasado los árboles, los choferes, el alumbrado público,
los amantes, los jardines, el cemento, la lluvia, las monedas sucias, los
locutores de televisión, el azul. Todos vaciaron su propia derrota y
¿sabes qué?
no pasó nada
nada
nada
nada.
Estas cartas fueron escritas en otro tiempo,
y estaban dirigidas a alguien que por miedo y por
amor, huyó.
Sólo supe que me seguía amando,
y soplé tan fuerte que las cartas subieron hasta
su cabina
como podrían haber llegado, también, a cualquier
lugar del mundo al que su corazón
de náufrago
hubiera querido que, por favor, llegaran.
Qué bueno que me extrañes.
Y me llames: “amor” (¿dejaré de llamarte Rey de la
Cabina?).
Te reíste con los mapas inventados y leíste mis cartas hasta ajarlas.
Yo me haré un té con esta carta tuya, un Sol de repuesto.
¿Entonces, ¿cuál es nuestra pequeña pelea, mi
querido Rey de la Cabina? Recuérdamela,
¿cuál era tu pequeño enojo y el mío, con el mundo? ¿Qué diminuta piedra en
el zapato se nos hizo tanto padecimiento?
Sonrío.
¿O sea que no querías esconderte, Estimado
Mentiroso?
¿Y para qué tantas nubes y tantos pasos de por medio?
(te voy a llenar de preguntas, a falta de que me llenes de respuestas).
Querido
Rey
de la Cabina.
Crecieron todas
las semillas de tu carta.
Vieras qué hermoso prado. Los abrazos
crecieron sanos y fuertes rodeando mi cintura.
Crecieron besos en mis pies
(¿sembraste besos para mis pies o fue un error
del viento?).
Te espero convertida en Luna.
Querido Rey de la Cabina:
¿por qué llamamos amor al amor?
con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema,
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo que canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie.
Yo, que nunca te tendré.
Y aunque no te lleguen mis correos
te escribo,
y aunque no sepa si los lees,
te escribo.
Te escribía.
Ciega de ausencia de no verte,
ciega al resto de tu hueco en el mundo.
Harta de abrazar calaveras de tu presencia
siento el aire que alimenta mis pulmones,
respiro al imaginar que volvería a tenerte
enfrente mío, doblando tu ropa y los jazmines,
apoyando los azahares de tu frente.
Aunque falten siglos para tanto verano,
y hoy sólo tenga para ofrecerte
un otoño lleno de hojas que se retiran
regalando su turno a lo inventado.
Quiero regresar
sólo para lo imprevisto,
para lo que deba nacer de tus manos y las mías.
Para nada que ya haya sido escrito o dibujado.
Ni en tu alma, ni en la mía.
Paloma
Y aquí va otro delicioso texto suyo
CON LO QUE MUEVAS
Cuidado con lo que muevas,
porque todo podría moverse.
Cuidado donde apoyes tus manos,
porque, en todo, podrías dejar tus huellas.
Y no es
que las huellas sean imborrables,
pero son huellas.
Cuidado, en todo caso,
en dónde quieras dejar
tus marcas.
Nada es inocente en el sentido,
de que no tenga consecuencias,
y no quisiera que las tuyas
fueran tan inadvertidas, es decir,
que hicieras como si no supieras si te pido que mires dónde apoyas tu corazón
y que no pretendas que no sabías, o no veías.
Cuidado con lo que muevas,
porque en todo podrías dejar tus huellas.
Cuidado donde apoyes tus manos,
porque todo podría moverse,
igual como sigue la vela al viento.
Y no quisiera que digas,
que no querías quien te siga
ni te sigan
habiendo fingido que no sabías
cómo todo, hasta el aire virgen de los hielos,
espera un movimiento
ni hay luz sin sombra
ni voz sin consecuencia
igual que sigue la vela al viento
y la vida donde soples
aliento.
Por lo demás,
adelante, por favor.

©
Hecho el
depósito que prevé la ley 11723.
www.rutasendosruedas.com.ar
2001
Política de privacidad
Los derechos de los textos y fotos de esta página pueden pertenecer a
los propietarios de Rutas en dos Ruedas o a terceras personas o
entidades. Si desea utilizar algún contenido de esta página, incluidas
las fotos, por favor solicite autorización por correo electrónico.