RUTAS EN DOS RUEDAS

Viajes en moto - Calendario de Motoencuentros - Motos clásicas y antiguas

Modelos y Manuales de Jawa - Consejos útiles para viajar - Relatos de viajes

Viajar con copiloto - Fotos - Crónicas de encuentros - Links

 

Rutas en dos Ruedas

 

 

Enviado en julio 2011

Viaje en moto al Salar de Uyuni, Bolivia

Por Luis Fernando Suárez

En moto al Salar de Uyuni

Sus escasos habitantes se resguardan del frío y la soledad de la tarde en  bajitas casas de adobe, ninguna fue pintada jamás y la erosión del viento carcome lentamente sus paredes desnudas, los techos de calamina soportan pesadas piedras para que no los levante el viento, las calles polvorientas de tierra oscura, tienen el color marrón de  las paredes. Como en la mayoría de los ranchitos del altiplano boliviano, en Colchani,   el aire seco y escaso de las alturas proporciona una vista incomparable del cielo, completamente limpio y de un azul profundo, se enfrenta a un paisaje monocromático de bastas pampas áridas.

Oruro, a 3.800 msnm, es una ciudad pequeña, sus calles son angostas pero tiene un tráfico intenso, a las 08 a.m. estamos afuera del hotel, tratamos de calentarnos con los primeros rayos de sol de una mañana invernal, amarramos las pilchas y hacemos funcionar las motos, que con la falta de oxígeno y los 09 grados de temperatura ambiente, les cuesta trabajo arrancar. Sobre las angostas aceras fluyen los escolares de guardapolvo blanco que caminan apurados a la escuela, también nosotros tenemos prisa por partir pero la puesta en marcha de algunas motos demora la partida hasta las 9:30.

Tres son las principales rutas de acceso al Salar, para nosotros la más cerca es Oruro - Huari -  Colchani.  De Huari en más, la carretera es de tierra con un sin número de desvíos que serpentean en medio de un valle desértico. Se cruzan varias quebradas con lechos de roca,  canteras de piedra y un terreno áspero compuesto de arena y piedras, especial para golpear  la moto cuando menos lo esperas. Es un escenario desolado,  el último que se desea para manejar motos de más de 200 Kg.  Los enredos provocaron que los 25 motociclistas que integrábamos esta  travesía, nos separemos y andemos  cada uno  por nuestra cuenta. Después de recorrer 30 Km. en más de 2 horas, finalmente nos volvemos a encontrar  cercar de la ruta principal, la que se distinguía en el horizonte gracias al tránsito de  los camiones que construyen la carretera.

A pocos kilómetros de llegar a Colchani el camino comienza a bajar de la montaña, en la contraluz de la tarde brilla en el horizonte un manto blanco reflejando los primeros jirones del salar, el espejismo creado por el vapor difumina el horizonte, fundiendo el cielo con la sal, sin embargo, la mágica escena se pierde en la llanura a medida que se desciende.

El hotel que elegimos está a dos kilómetros de Colchani y prácticamente en la puerta del Salar. Cristal de Sal es un hotel hermoso, sus paredes están construidas con bloques de sal, unidos entre si por una especie de cemento blanco, el piso es de una capa de  sal suelta, en los dormitorios el piso es da sal sólida, similar a la cerámica, las camas son de sal, las sillas, las escaleras, los pasa mano, las esculturas, los tallados sobre las paredes, los muebles, todo es completamente de sal. La claridad dentro del hotel es cautivante, ya que posee varios traga luz de policarbonato que además proporcionan calidez a los ambientes. La atención y la comida son muy buenas. Por primera vez saboreé carne de llama y quedé gratamente sorprendido con su excelente sabor. Contar con un hospedaje de primera después de un largo viaje es lo que sueña todo viajero, el hotel nos sentó muy bien y tuvimos una placentera estadía allí.

Septiembre es buena época para visitar el salar, ya que no hace tanto frío y a diferencia de la época de lluvia, se mantiene completamente seco.  Por sobre su superficie se forman rombos generalmente pentagonales, con relieves blandos, el suelo es áspero y abrasivo como el concreto, no presenta fractura ni unión alguna, por lo que se puede transitar como si fuese asfalto.

En nuestro recorrido vamos por la mañana a la isla Incahuasi, está a 80 Km. de Colchani y se encuentra detrás del horizonte. A los pocos kilómetros emerge tras la convexidad del planeta como una pequeña aceituna. Es un hermoso lugar de gran mansedumbre, poblado por cactus gigantes, ideal para  descansar y contemplar el  paisaje.

De la isla de Incahuasi fuimos hasta el extremo norte del salar, al volcán Tunupa, allí hay varios ranchitos de pequeñas casas tapiadas, cercadas con pesados muros de piedras superpuestas prolijamente, construidos para  proteger a los animales domésticos del duro invierno.  Sobre la colina está el hotel comunitario Tayka, es el lugar donde tenemos programado almorzar y uno de los sitios mas sobrecogedores que conocí en el salar. Las comunidades indígenas, hábilmente y con mucho empeño, han desarrollado varios hoteles de primera en las diferentes regiones del salar, el que nos toca visitar es verdaderamente lindo. De estilo  rústico, arquitectónicamente muy bien logrado, ambientes amplios, paredes de adobe y techo de paja apoyado sobre rollizo visto. La atención  impecable, la comida muy buena y lo que más me gustó, una galería en voladizo que ofrece una bella vista del Salar. En este sitio almorzamos todos juntos y fue prácticamente la última vez que nos reunimos, después de almuerzo tenemos planeado volver a Huari usando la ruta de Salinas de Garci Mendoza,  son 190 Km. de camino de tierra y si no se viaja a buen ritmo, con seguridad que nos agarra la noche.

Dardo Justiniano, con la ayuda de un GPS y un guía local, lleva a una parte del  grupo por el salar buscando acortar distancia, por separado y sin saberlo,  Baldivieso guía a otro por tierra adentro y yo me demoro en la disyuntiva de no saber a quién seguir. Después de andar en solitario durante un rato por el borde interno del salar, donde la superficie aun conserva agua  y con el temor de haberme perdido, encuentro al grupo de Dardo varado preguntándole a un indígena que extrae sal, cuál es la ruta que se debe seguir para llegar a Salina de García Mendoza. Aunque el pueblo se distingue entre la sal y la pampa a unos 20 Km. de donde estamos, no se ve que haya un camino para llegar, hay que andar a campo traviesa entre el salar y sus playas de gramínea húmedas, llenas de sendas que usan los viajeros cuando el salar comienza a secarse. Para entonces son las 2:30 p.m. y queda una larga e incierta ruta por recorrer,  decido desprenderme del grupo abriéndome camino solo hasta Salinas. Media hora después llega Maic Barragán, a quién ambos grupos lo daban por perdido, de ahí en más fue mi compañero de viaje hasta Huari.

Maic maneja una BMW Adventure, que le ha dado más de un susto y va dolorido del tobillo, pronto su pesadilla comienza cuando  entramos en una zona de largos desvíos de arena suelta. Lo observo desde atrás y me estremezco al ver el esfuerzo que hace  para no caer y mantenerse en el camino. Va levantando polvareda arrastrando los pies, cruzándose de huella en huella por dónde a la Adventure se le antoja, encara la arena con velocidad y en la debacle controla la moto con tracción, pero al mismo tiempo se arriesga cada vez más a   una caída  violenta.  Los obstáculos son interminables y se repiten en el último tramo permanentemente, las huellas de los camiones son profundas, el talco es asfixiante y una permanente amenaza de lluvia empeora el panorama. 

Llegamos a Huari de noche, al poco tiempo aparece Dardo y Jorge Harriague, con ellos la vagoneta de Roberto Sánchez y el grupo de Santa Cruz está completo,  al  resto, motociclistas de La  Paz y Cochabamba,   les queda una larga travesía nocturna. Después de esperar por más de una hora sin que nadie de señales de vida, nos despedimos de Maic que se queda a esperar a su hermano Robin. Con frío y recibiendo de frente una helada llovizna, recorremos por carretera los últimos 120 Km. hasta Oruro. El resto de los motociclistas llega al hotel a las 2.30 de la madrugada, entre sueños los escucho comentar sus penurias y deambular en sus habitaciones. Al día siguiente ya no nos vemos, mientras ellos duermen, nosotros  temprano salimos  sin mucho trámite hasta Santa Cruz de la Sierra.

Mientras respiro el aire frío y seco del salar en una hermosa mañana azul,  observando las motos  que pierden detrás del horizonte,  me pregunto qué puedo contar yo de semejante lugar, de qué expresión dispongo para describir su belleza, en qué palabras cabe tamaña dimensión. Qué desafío me espera para contarles a quienes no estuvieron  allí, que el Salar de Uyuni, lejos de cualquier comparación, es el escenario natural capaz de  brindar la verdadera,  más explicita y real  sensación, de manejar una motocicleta con total libertad.

 

En moto por Bolivia

 

Bolivia en moto

 

Motos en el Salar de Uyuni

 

En moto al Salar de Uyuni

 

Recorriendo Bolivia en moto

 

 

 

Maravillosa aventura, muchachos!

 

 

 

 

Para comunicarte con Rutas en dos Ruedas:

 

 

 

 

 

© Hecho el depósito que prevé la ley 11723. www.rutasendosruedas.com.ar 2001

Política de privacidad

Los derechos de los textos y fotos de esta página pueden pertenecer a los propietarios de Rutas en dos Ruedas o a terceras personas o entidades. Si desea utilizar algún contenido de esta página, incluidas las fotos, por favor solicite autorización por correo electrónico.

 

 

 

SECCIÓN TALLER

Despiece motor

Jawa 350/640

Manual de despiece

de Jawa 350 

Vista interna motor Jawa 350 tipo 18

Manuales

 

Todo JAWA

 

Videos,

restauraciones, historia, modelos, fotos, manuales, viajes, injertos, personalizaciones