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Nuestro 15° viaje largo en Jawa
Nuestro 12° viaje a la Patagonia
en Jawa
¡Nuestro 2° viaje a Ushuaia
en Jawa!
Nuevos
lugares y viejos caminos,
parajes
inhóspitos y ciudades bulliciosas,
rutas
transitadas y senderos solitarios,
montañas nevadas y playas ardientes,
mares
cálidos y lagos helados,
guanacos silvestres y ovejas esquiladas,
museos
de historia y night clubs portuarios,
casas
de chapa y cabañas de madera,
el
ripio embarrado y el asfalto derretido...
Mil y
una experiencias que enriquecieron el viaje.
Una
extensa vuelta sureña en la que cruzamos amigos nuevos y antiguos,
con
quienes compartimos alguna charla, una sonrisa, un café en un bar,
un
campamento improvisado en plena madrugada,
un pub
irlandés lleno de gente y de humo,
un
encuentro nocturno en un camping, una mateada,
una
gaseosa en una estación de servicio,
un rato
en una estación de tren...
Visiones que ya comienzan a alejarse en el tiempo
y
reclaman a las fotos su presencia inmortal:
un
piche en la banquina, un paseo en barco, la balsa por el estrecho,
el
cráter de un volcán, la estampa del Lanín, un puente sobre el río,
las
cigüeñas de petróleo, un faro lejano
y unas
indecibles, tremendas e inagotables ganas de cargar la moto y partir...
Vení, vamos a dar una vuelta por el universo...

Cuando,
hace más de una década, realizamos nuestra primera gran aventura en moto, en
Esquel fuimos entrevistados por un periodista del canal local. Además de otras
cosas, el notero quiso saber si volveríamos a hacer en moto un viaje así. Yo
asentí en seguida, aunque Néstor negó terminantemente: "No, otra vez en moto,
no". ¡Y ya lleva quince viajes largos sobre dos ruedas!
Cuando hace dos años cumplimos el sueño de
llegar a la ciudad más austral del mundo, también pensó que ya estaba, que ya
habíamos llegado, que para qué más, no? Y sin embargo, el 14 de enero de este
año 2007 arribamos a Ushuaia en Jawa por segunda vez.
No es que yo sea muy insistente ni que esté
dotada de un gran poder de convicción, la cuestión es que insisto y, finalmente, convenzo. Tal vez por eso cuando alguien le dice que le tiene que gustar
mucho andar en moto para viajar tanto, Néstor le responde: "A ella, más que a
mí".
Y yo cumplo con mi parte de copiloto, claro.
Pero ahora que estoy preparando esta página para compartirla con ustedes,
(mientras revivo los momentos que pasamos), dos imágenes acuden a mi memoria
insistentemente: la imagen del viento irracional de Santa Cruz y la de las
cinco horas de viaje sobre un ripio que era puro barro. Y Néstor luchando,
haciendo fuerza con el manubrio del Dromedario para dominar el temporal
incontrolable, o para no quedar desparramados en el barro. Y siempre salió
victorioso. Porque hay alguien en esa "santa cruz" que protege a los viajeros
del gran Eolo que abate la última provincia del continente. Y porque el "fuego" ha sido
nuestro aliado en la tierra de la isla y nos ha ayudado a derrotar a la lluvia, su enemiga siempre gris.
Permítanme, entonces, que levante mi sombrero,
hinque mi rodilla y haga una reverencia de amor y gratitud a Néstor, el piloto
de la Jawa...

Por favor, una parada en la banquina para
contarte algo:
En nuestro viaje de casi 9000
km. tomamos un millar de fotos, (digitales y de rollo, a color y en blanco y
negro, de las cuales imprimimos más de seiscientas), y
filmamos muchos videos cortos. Entenderás, lector, que se nos haga difícil la
selección de las mismas para volcarlas aquí (y que pierdan un poco de calidad al
tener que reducir su tamaño). Consideramos prudente tratar de no repetir fotos
de lugares que ya te hemos mostrado en periplos anteriores y darle más
preponderancia a sitios, momentos y descubrimientos que nos han impactado en
mayor medida.
No encontrarás en estas páginas
destellos de lucidez y encanto, porque es un relato nacido de horas
trasnochadas, de calurosas lunas y de húmedo aire estival. En todo caso, agrega
tú el encanto y la lucidez convenientes para capitalizar la experiencia de este
gran viaje. Navega en marcha lenta por estas historias y regocíjate en cada foto
como si estuvieras ahí. Porque todas estas horas destinadas a escribir textos y
editar imágenes están dedicadas a vos, querido amigonauta de Rutas en dos
Ruedas.
Con un mapa en la mano, o en la
memoria, siguiendo los nombres destacados en azul armarás nuestro itinerario,
ciudad por ciudad. En color rojo resaltamos los nombres de las personas con
quienes compartimos pedacitos de aventura. En negrita reconocerás los sitios
turísticos o los paseos que realizamos. Y mezclados en el relato hallarás
datos sobre precios, hospedajes, lugares recomendados o no, estado de caminos y
demás informaciones interesantes para el viajero.
Ahora sí, a ponerse el casco, ¡estamos en marcha!...
Los primeros tres días los dedicamos a pasar
las fiestas navideñas con la familia. Mar del Plata se preparaba para una buena
temporada y lucía radiante. Allí hay de todo para hacer, mucho para elegir y
precios para todos los bolsillos. Paseamos, comimos, brindamos y el 26 de
diciembre ya estábamos en la ruta de nuevo.
Pasamos por Miramar,
que se veía brillante esperando la temporada, almorzamos en
Necochea bajo el intolerable sol del mediodía y seguimos hasta
Monte Hermoso, donde decidimos hacer noche para
conocer el lugar. A poco de haber llegado, en una esquina nos "atajó"
Pablo, un cibermotoamigo a quien tuvimos, así, la
suerte de conocer en persona.

Una bella costanera no fue suficiente para
contrarrestar los precios caros y la escasez de actividades, pero igualmente
disfrutamos de un ocaso silencioso junto al mar y de una prolongada caminata,
mientras buscábamos qué cenar. El agua parece de río, quizá por la influencia
del río Sauce Grande, el mismo que pasa por Sierra de la Ventana. Cuando ya nos
habíamos acomodado en el Residencial Americano y el sueño empezaba a vencernos,
el cielo se desparramó en una lluvia que duró toda la noche.
La tarde del 27 de diciembre llegamos a
Viedma, capital de Río Negro, y nos alojamos en
el camping. El asombro por los precios de los alojamientos y de la comida que
experimentamos estos primeros días de viaje, nos persiguió por toda la
Patagonia; (el tema amerita comentarios especiales que haremos en otra ocasión).
Por obra de la casualidad nos encontramos con
el Busta de la Comarca en su brillante Marauder, quien muy
atentamente nos llevó a conocer El Cóndor, a
30 km. de Viedma.

En este punto se unen las aguas del caudaloso
Río Negro con las del mar -nos explicó el Busta- pero es el río el que impone su color y su presencia.
En la foto, Busta y Néstor están en el Cerro Ceferino, desde donde hay una muy
interesante vista del balneario.
Aquí debajo, el Faro Río Negro, primer faro de
la Patagonia.

Compartimos una mateada en su casa y un muy agradable almuerzo
en el camping, al que también se sumó Horacia, su
esposa. Los cuatro brindamos por un 2007 de salud y prosperidad para todos y a la
tardecita, luego de despedirnos hasta un próximo encuentro rutero, seguimos
viaje hasta Las Grutas.
¿Nos acompañan?
AQUÍ

Hecho el depósito que prevé la ley 11723.
www.rutasendosruedas.com.ar
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