El crepúsculo de la tarde del día de los
inocentes nos encontró en Las Grutas.
Isabel, del Camping El Oasis, nos recibió con un cariño que ya dura
varios años y mandó en seguida a limpiar "nuestra parcela", la 43. Todos allí
nos hacen sentir como en familia: don Osvaldo, Pablo,
Mario, Nelly, Contrera, Mariano y siempre me olvido algún nombre...
Pasamos allí varios días, pero no tantos como otros años ya que, por primera vez
en mucho tiempo, acordamos no cumplir con la temporada de Feria Artesanal y
tomarnos un descanso. ¡Todo el verano para viajar!
Además de aprovechar la playa, nos dimos el
gusto de desoír los consejos de quienes afirmaban que "sólo en 4x4 se puede
llegar hasta allá" y emprendimos la travesía del Fuerte Argentino, una
extraña meseta a unos 40 km. de Las Grutas donde, según cuenta la leyenda, los
monjes Templarios habrían resguardado el Santo Grial.
El camino de tierra y arena que conduce a
Piedras Coloradas y al Sótano, se convierte más adelante en una
huella paralela al alambrado de los campos y en un sector se corta, por lo que
se debe circular por la playa. Como la marea estaba alta, tuvimos que pasar por
el agua y, luego de un tramo, retomar el sendero, con profundos surcos de tierra
reseca.
Viajen aquí un poquito por la playa con
nosotros:
Algunos sectores contenían gran acumulación de
arena, lo cual nos hizo lenta y dificultosa la marcha, pero al mediodía llegamos
al anhelado Fuerte Argentino. Tal vez sea más llamativo y enigmático a la
distancia, que visto de cerca. Tomamos fotos, almorzamos al rayo del sol
empanadas que habíamos llevado, y yo cumplí con mi ritual de mojarme en la
lagunita de aguas claras que había por allí. Antes de regresar, subimos a unas
elevaciones plagadas de caracoles fosilizados rotos, pero lo único valioso que
encontramos allí fue nuestra alegría por habérnosle animado al misterioso
Fuerte.
Les presentamos el Fuerte Argentino:
Unos días después, en la Estación de
San Antonio Oeste, que ejerce como un imán para
nosotros, quizá porque sus vías se estiran hasta Bariloche, conocimos a
Darío
(un fotógrafo que sabía de Rutas en dos Ruedas) y a
Marcelo.
Ahí están, ahí atrás, charlando...
Luego de conversar un rato en el andén y de
sacarle el jugo a las cámaras, nos presentaron al resto del grupo:
Nano y
Leo. Ellos viajaban hacia Ushuaia en cuatro motos
diferentes: BMW 650, Honda NX 650, Guzzi 1000 y Yamaha XT 350.
El 5 de enero dejamos las playas del Golfo Azul
y tomamos la ruta 3 en dirección Sur. Néstor se había intoxicado con una lengua
a la vinagreta mal preparada y no se sentía bien, por lo que su ánimo no era el
mejor para emprender el largo viaje al Fin del Mundo. Llegamos a la estación de
servicio de
Sierra Grande dispuestos a tomarnos un rato
para decidir el rumbo y nos encontramos con la sorpresiva presencia de
Julio, de Madryn. De muy buen humor, nos contagió
un poquito con su charla rápida, ya que estaba trabajando y, con la generosidad
que lo caracteriza, nos invitó a su casa.
Al rato, Néstor se sintió algo mejor y pensamos
seguir hasta Playa Unión, dado que en Puerto
Madryn habíamos estado en el mes de octubre. Una década atrás, habíamos visitado
esa villa balnearia chubutense cercana a Rawson, y no nos había gustado (pueden
leerlo en nuestro primer viaje). Esta vez pensamos en darle una nueva
oportunidad, pero nos desagradó aún más. Es un balneario de dispar arquitectura
y cuya costanera no tiene nada especial. Para colmo, en la oficina de turismo
nos informaron que el hotel más económico (creo que el único de Playa Unión,
pues el resto está en la capital provincial) cobraba $130.- la habitación doble.
Una barbaridad, si se tienen en cuenta la infraestructura y las posibilidades de
esparcimiento que brinda el lugar. Lo más gracioso fue que, al preguntarle a la
empleada el por qué de tal suma, muy segura respondió: "Para que haya menos
demanda". Hacer publicidad de un sitio para el turismo y luego desear que no
haya tanta demanda, me parece una lógica absolutamente irracional, cuando no
irrespetuosa. Si al menos hubiera otras opciones de alojamiento para elegir,
además de los campings...
Muy enojados, cruzamos
Rawson y nos hospedamos en
Trelew, en un hotel de medio pelo, pero
accesible. Disculpen si confieso que nunca me gustó ese triángulo: Trelew,
Rawson, Playa Unión. Son ciudades cuyos accesos están llenos de basurales,
bolsas de nylon desparramadas por todo el campo, entradas descuidadas... Es una
pena, porque pertenecen a una de las provincias más atractivas de Argentina:
Chubut.
El 6 de enero, a pesar de que los Reyes Magos
brillaron por su ausencia, retomamos la ruta, pasamos por el autódromo y por una
bella zona de reserva natural. Almorzamos en Uzcudún,
dejamos nuestro calco en la ventana del local y llegamos a
Bahía Camarones, por asfalto. Los últimos 35
km. del acceso son preciosos, de un paisaje extraño que no te hace pensar que te
estás acercando al mar.
Camarones es una aldea pequeña que cuenta con
dos hoteles, un buen camping, un Museo de iniciativa privada y un par de lugares
para comer. Nos alojamos en el Hotel El viejo Torino, donde fuimos muy mal
atendidos, a pesar de que pagamos por una atención esmeradísima. Dos noches en
la ciudad son suficientes para descubrir la geografía del lugar, observar
aguavivas con "nervaduras" fosforescentes, presenciar la recolección de algas y
disfrutar de los paseos por la playa.
Los aficionados a la fotografía estarán de
parabienes en Camarones.
El muelle está en plena reconstrucción, así que
por el momento no hay actividad pesquera. Las casas son humildes, típicas
construcciones de chapa que aún se conservan en buen estado. El Museo y la
capilla permanecieron cerrados, por lo tanto no pudimos recorrerlos por dentro.
Quisimos comprar el diario, pero a Camarones llega sólo los lunes, miércoles y
viernes. Esta gente no se castiga todos los días.
El 7 de enero visitamos la Pingüinera Cabo
Dos Bahías, a la que nos condujo un camino de ripio en regular estado y por
cuyo acceso pagamos un mínimo canon al guardafauna. Valió la pena acercarse al
lugar, donde además de compartir un rato con las familias de pingüinos,
disfrutamos de las vistas de unos miradores azotados por el viento. Las costas
que reciben las olas del Mar Argentino son privilegiadas extensiones de formas
variadas que siempre prometen un cuadro impactante al viajero.
Sigan a este andariego pingüino:
El 8 de enero dejamos Camarones y una vez más
marchamos sureando por la ruta 3. En unas horas estaremos cruzando el límite
entre Chubut y Santa Cruz.
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