El Jueves Santo, a pesar del pronóstico de lluvia
para todo el fin de semana, salimos de casa con Ella, la Jawa, a las 7:45 hrs.
con destino a Mar del Plata. El clima se portó bien, ya que el sol nos acompañó
hasta Dolores, más o menos, y luego se nubló, pero
no se transformó en un día desagradable.
Hacía muchos años que no viajábamos en una
caravana tan impresionante, ya que por momentos no podíamos circular a más de 40
Km./h y los vehículos se colaban hasta por las banquinas. A propósito, aquí
tendría que abrir un párrafo aparte para hablar de la imprudencia de muchos que
no respetan nada, mucho menos a las motos, pero lo voy a dejar para otra
oportunidad.
Al promediar el recorrido, creo que en
Castelli, donde hay un gran parador que estaba
atestado de gente, paramos a descansar un rato. Mientras comentábamos nuestro
asombro por las interminables filas en los baños de damas de las estaciones de
servicio, se acercó un muchacho a preguntarnos si teníamos una página de motos
en internet. Esta grata casualidad hizo que conociéramos a
Oscar, el dueño de una Katana, que es asiduo
visitante de Rutas en dos Ruedas. Oscar viajaba hacia la costa también, pero se
desviaba hacia la ruta 11, que lo llevaría a destino. Es raro cómo todos los
viajes deparan una sorpresa, ¿no? Luego de conversar un buen rato con nuestro
amigo, retomamos la ruta, compramos medialunas en Gral.
Pirán (una parada obligada cuando vamos a "la Feliz") y seguimos.
A las 14 hs. vimos el mar en Mardel y media hora
después estábamos sentados almorzando ravioles con mis papás. A los veinte
minutos, comenzó a lloviznar y sólo paró un buen rato durante la mañana y la
tarde del Viernes Santo, en que aprovechamos para ir hasta
Miramar.
El sábado nos arriesgamos a ir al centro de Mar
del Plata con la Jawa, pero no paró de llover en toda la tarde, así que nos
empapamos. El domingo a las 11 de la mañana, luego de haber secado las ropas y
de haber compartido un sabroso huevo de Pascua en familia, salimos a la ruta.
Nuevamente, la caravana y las nubes... Sin embargo, no cayó ni una gota, así que
al atardecer estábamos en casa, sanitos y sequitos.
Dado el mal estado del
Camino General Belgrano, en el cruce Etcheverry decidimos desviarnos
hacia Alejandro Korn. Quizá desde allí hasta Banfield sean algunos kilómetros
más, pero es un trayecto más tranquilo y se encuentra en mejores condiciones.

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