El verdadero viaje de descubrimiento
no consiste en buscar nuevos paisajes,
sino en tener nuevos ojos
(Marcel Proust)
Cada
año que pasa nuestras vacaciones se acortan, pero eso no impide que las
disfrutemos con la misma intensidad de siempre.
Esta
vez decidimos cambiar un poco el paisaje y optamos por seguir por la Ruta
Nacional 3, en lugar de desviarnos por la 22, como habíamos hecho en los viajes
anteriores. Al llegar a Pedro Luro estaba
anocheciendo y nos quedamos a pasar la noche en
Fortín
Mercedes, un bello lugar a orillas del Río Colorado, donde
descansan los restos de Ceferino Namuncurá y que cuenta con un camping con
buenas duchas y linda arboleda. Es un sitio histórico: el Fortín fue hecho
construir por Rosas cinco leguas más abajo, hasta que fue trasladado al lugar
que ahora ocupa. En 1845, el Perito Moreno pasó unos días allí.
Cuando, a la mañana siguiente, quisimos reanudar el viaje, la Jawa comenzó a
fallar, hasta que -a pesar de haber revisado todo lo que suele revisarse- no
quiso andar más. Viendo que las horas pasaban y las nubes nos traían algunas
lloviznas, decidimos regresar al pueblo caminando (unos 22 Km.). Cuando ya habíamos recorrido algo de seis o siete
mil metros, un auto en que viajaba una pareja muy amable, se ofreció a ayudarnos
y así fue como aceptamos que nos remolcaran con una cuerda. Yo subí al auto y
mi compañero
llevaba con una mano la moto… y con la otra sostenía la cuerda! Fue una locura
que salió muy bien, hasta que, al querer soltarla porque estábamos llegando, la
cuerda se enganchó en el manubrio y la Jawa y él rodaron varias veces por la
banquina, ante mis desesperados ojos que miraban todo por la luneta trasera del
auto. Finalmente, unos cuantos machucones en las
piernas y brazos fue el saldo para el piloto
y a la Jawita sólo se le rompió el giro delantero derecho y se
hizo un par de raspones.
Los
chicos del auto, Mariano y Marisol (de Pilar),
se quedaron muy acongojados por la caída, (la primera en siete años con la Jawa,
sin estar andando),
pero la verdad es que fueron los únicos que nos ayudaron.
La camioneta de la policía local nos había cruzado dos veces, sin siquiera
preguntarnos si necesitábamos algo. ¡Ojalá los chicos puedan leer aquí nuestro
agradecimiento!
Lo
primero que hicimos fue comprar una gaseosa en la estación de servicio, porque
eran más de las cuatro de la tarde y no habíamos probado nada desde la noche
anterior. Cuando se nos pasó un poco el susto, empujamos la moto caminando doce
cuadras más, hasta llegar a un taller de electricidad del automóvil. Después de
probar de todo… ¡era un cablecito del regulador de voltaje que se había
soltado! Una pavada…
Ya
atardeciendo, seguimos viaje hasta Carmen de Patagones,
una agradable ciudad que nos recibió pasadas las diez de la noche, con todas sus
luces como luciérnagas sobre el Río Negro y que nos permitió saborear, en la
plaza (frente a la iglesia), nuestra única comida del día.
Pasamos la noche en una Estación del ACA en
Viedma
y perseguidos por la lluvia llegamos cerca de las 10:00 hs. a
San Antonio Oeste, nuestra primera meta, como
todos los años.
Tanto
allí como en Las Grutas disfrutamos como nunca
de las playas y hasta nos dimos el gusto de encontrar, (en el
Cerro Banderita, en ese desierto patagónico tan
rico en fósiles), un pequeño diente de tiburón de hace millones de años!
Pasamos allí algo más de un mes y tuvimos que masticarnos la bronca y la
decepción de no poder ir a Bariloche, gracias a todas las medidas que los
diferentes y breves gobiernos venían tomando desde el 20 de diciembre y que
hicieron mella en la economía de más de uno.
Villa Ventana

Ya que
debíamos volver a casa, pensamos que un par de días en
Sierra de la Ventana no nos vendrían nada mal y cuando llegamos al
camping de Villa Ventana, dijimos: “nos quedamos
acá”. El cielo nocturno de esa parte de Buenos Aires es especial, está
increíblemente lleno de estrellas y de satélites (y quienes saben, aseguran que
también de ovnis). De día, te sorprenden los colibríes que se escabullen entre
los árboles, las truchas se ven en los ríos transparentes y los girasoles se
adueñan del paisaje. Es un placer indescriptible recorrer los 15 km. entre
Sierra de la Ventana y Villa Ventana, sobre todo sin casco y con el cabello
suelto… No tiene precio, (“todo lo demás se puede comprar con”…).
Finalmente, el 7 de febrero llegamos a
Banfield,
previa parada en Monte
sólo para saborear en
“Venecia” (una heladería del centro del pueblo),
un rico helado. Allí, sentados en la plaza, olvidándonos de a poco de la lluvia
del camino, nos sentimos felices de haber disfrutado de los 3741 Km. recorridos
con ELLA, nuestra Jawa, que estaba concluyendo su sexto viaje a la Patagonia. La
“caída” ya era anécdota…

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