En el invierno
2008 realizamos un
viaje a Córdoba y Cuyo en Renault 6, cuyas experiencias de
alojamiento, más otras sufridas desde hace tiempo, motivaron este texto.
Tal vez el título exceda en mucho las pretensiones de este
opúsculo, pues no se trata de analizar todos los servicios turísticos con
exhaustividad, sino de abrir un interrogante sobre algunas cuestiones sencillas
padecidas a lo largo de cuatro décadas de vida.
Describiré situaciones de este último viaje de invierno 2008, a ver si es
posible echar luz sobre las razones de brindar un servicio deficiente, en
comparación con el precio. Pues, por supuesto, todo servicio puede juzgarse en
función del costo (aunque debería haber detalles que se mantengan siempre, como
por ejemplo, que cualquier alojamiento, de la categoría que sea, debe brindar
sábanas limpias).
En Chilecito, La Rioja, nos habían recomendado un hotel que ya no tenía
disponibilidad. Fuimos, entonces, a la Oficina de Informes Turísticos y allí nos
indicaron dos hoteles bastante céntricos, uno a $ 60.- y otro a $ 70.- la
habitación doble con cochera y desayuno.- Fuimos a este último, el Hotel Ruta
40, que tenía un estacionamiento (desprolijo y descuidado) separado de la puerta
del hotel. Dado que en esa calle no hay lugar para estacionar, uno debe dejar su
auto en la cochera, salir con sus bolsos a la calle, cerrar el portón, caminar
20 ó 30 m. y subir unas largas escaleras hasta la recepción. En el momento de
abonar, al ingreso, nos cobran $ 90.- por la habitación más $ 8.- por el
estacionamiento. El desayuno se lo tiene que servir uno, como en un hostel.
La habitación tenía dos camas de una plaza, TV, un aire acondicionado frío /
calor que debimos apagar a la madrugada por el ruido que hacía, una puerta de
baño que no cerraba y una ducha que, en la mitad, comenzó a salir helada y así
siguió. Pedimos a la recepcionista que nos despertara a las 8 hs., pero lo
olvidó. Por ese servicio pagamos $ 98., cuando en Turismo nos habían dicho que
el precio actualizado era de $70.-, lo cual hubiera sido más justo.
Llegamos a San Agustín del Valle Fértil, San Juan, y en la Oficina de Turismo
nos indicaron unos departamentitos sencillos pero lindos, a juzgar por las
fotos, a $ 70.- Llegamos a este lugar llamado Sierras Morenas y la señora nos
muestra la habitación (uno de los peores lugares en los que estuve en tantos
años). Le preguntamos cuánto costaba y de inmediato nos largó: "Cien, cuesta 100
pesos". Yo hubiera dado media vuelta y me hubiera ido, pero Néstor le dijo que
en Turismo nos habían informado que la tarifa actual era de $ 70.- Su respuesta
fue: "Ah, si en Turismo te dijeron 70, entonces, 70". ¡Qué descaro!
¿Cómo es el tema aquí: nos miran la cara y ponen el precio? Menos mal que
viajamos en Renault 6, si no... Por supuesto, dejé una nota escrita en Turismo,
(donde fuimos muy bien atendidos), para que la rabia no me explotara adentro.
Tal parece que hoy en día cualquier sucucho pone un televisor y se cree con
derecho a pedirte cualquier cosa! En este lugar, el calefactor era una estufita
eléctrica, la puerta del baño era de cartón grueso, el inodoro no tenía tapa ni
asiento y la ducha era de calefón eléctrico pequeño. Para colmo, no entregan
boleta. Ustedes dirán: ¿por qué no se alojaron en otro lugar? Por varias
razones: no hay disponibilidad; los pocos lugares disponibles cuestan fortunas;
llegamos cansados del viaje y no queremos seguir dando vueltas...
San Juan capital: Visitamos algunos lugares caros, como un hostel que nos pedía
$ 120.- por una habitación con baño compartido
y
llegamos al Hotel Veladero. Nuevo, de buen aspecto, la habitación era sencilla,
pequeña pero muy agradable y olía excesivamente a perfume de ambientes. Con
cochera y desayuno nos pidieron $ 100.-, lo cual parecía razonable. ¡Al fin un
lugar lindo! Un baño completo, una amplia ventana, TV... Pero, ay!, al abrir la
cama, las sábanas estaban usadas!!! No me hagan entrar en detalles. Ahí está la
razón de tanto perfume. Reclamé al conserje, casi pidiéndole disculpas por
semejante reclamo, y buscó nuevas sábanas durante unos cuarenta minutos. Cuando
las trajo, se excusó diciendo que la culpa era de las empleadas y que "mañana
caerán algunas cabezas". Ni siquiera puso la sábana que trajo, ¿saben por qué?
¡Porque era de una plaza!!! No tenían sábanas de dos plazas limpias. Ya no
reclamé, arreglé la cama como pude y me dormí deseando que amaneciera cuanto
antes.
En Mendoza debimos pagar $ 140.- la noche por un lindo Apart Hotel céntrico, con
un buen baño, pero con algunos detalles a tener en cuenta, si consideramos el
precio. La cocina tenía muebles enormes que estaban casi vacíos, sólo había tres
cubiertos, dos platos, tres vasos y tres tazas. Ni una sola cacerola, sartén ni
nada por el estilo. Semejante cocina y sólo una hornalla! El precio incluía
desayuno seco, que se entregaba en la habitación a la hora en que uno lo
solicitara. La primera mañana, debimos reclamarlo media hora después, ya que se
habían olvidado. La segunda mañana, llegó 15 minutos tarde. Las paredes serían
de cartón, pues todo lo que hablaron e hicieron nuestros ruidosos vecinos hasta
pasada la medianoche, se escuchó a la perfección. Cuando nos fuimos, hubo que
insistir para que nos dieran una factura por los 280 pesos pagados.
Se va la última... Villa Mercedes, San Luis. Un hotel sobre la calle lateral de
la ruta nos pidió $ 120.- por una habitación grande, aunque algo vieja. Todo
bien hasta ahí, pero... el baño tenía hormigas! Cuando se lo comenté a la
recepcionista, en voz muy baja para que los otros dos pasajeros no escucharan,
ella se limitó a decir "¿Sí?". A eso sumémosle que el desayuno sólo traía
tostadas con manteca y dulce, y que tampoco tenían ganas de entregarnos una
boleta.
¿Qué pasa en Argentina con los servicios turísticos? ¿Sólo se trata de sacarle
plata al turista, no de desear que se vaya conforme para que vuelva? ¿Nadie se
ocupa de arreglar lo que anda mal en sus hoteles, de mejorarlos, de poner un
precio acorde a lo que se ofrece, de pedir disculpas cuando alguien se queja, o
de recompensar al pasajero de alguna manera? Al parecer, ni siquiera pagando un
precio considerable se logra estar cómodo. Creo que a nadie le gusta pagar por
un servicio y tener que ducharse con agua fría, o dormir sobre sábanas sucias, o
no poder descansar por los ruidos molestos. Es decir, no se trata de que somos
exquisitos, sólo merecemos respeto como turistas y no una tomadura de pelo.
Trabajamos todo el año y deberíamos poder tomarnos unas merecidas vacaciones,
alojándonos en lugares limpios, confortables y bien atendidos. Sabemos que el
lujo se paga, no es de eso de lo que estamos hablando aquí.
¿Cuánto hay que pagar por un servicio digno?
Cuando estés en
desacuerdo con los servicios o el precio, o no se cumplan las condiciones
pautadas, ¡quejate! Dejá notas en las Oficinas de Turismo o en los Libros de
Reclamos de los hoteles. Es la única forma de empezar a cambiar esta situación.

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