En este viaje aprendimos que
no todos los que viven en el interior son amables y bondadosos, que no siempre
te reciben cordialmente, y que los
porteños no tenemos por qué renegar de nuestro origen.
El 1° de
abril de 2001 partimos a las 8:30 de la mañana de Banfield, para
hacer la experiencia de instalarnos en San Antonio Oeste , un pueblo en la costa
de Río Negro que
ya les hemos presentado, trabajar allí hasta febrero del año siguiente y luego
mudarnos a Bariloche, si todo salía bien.
Llegamos
el feriado del 2 de abril (luego de pasar la noche en el camping de Río
Colorado) y a los dos días conseguí una suplencia de profesora
en una escuela secundaria. El primer día, en la sala de docentes,
nadie me ofreció una silla, ni un mate, ni una sonrisa. Sólo miradas de
curiosidad y desprecio, de arriba a abajo…
Al pasar
los días, algunas personas cambiaron un poco su prejuicio contra
mí y otras demostraron ser antipáticas y desubicadas,
además de maleducadas.
Para quien es del interior, los de Buenos Aires somos todos porteños, aunque no
seamos de Capital. Yo soy porteña, nacida en el barrio de Caballito, y al
principio me sentía muy mal por eso. Hoy, cuando me preguntan, digo que soy
porteña y que vivo en Banfield, ¡y a mucha honra!
El trato
cortante en el trabajo, la dificultad de
mi esposo de conseguir empleo
(por no ser de allí), la escasa
actividad comercial y cultural del lugar y la lejanía de los seres queridos,
comenzaron casi de inmediato a engendrar en mí fuertes deseos de
regresar a casa. Pensaba que un pueblo que no te recibe bien, no te
merece.
Lo
extraño es que pasamos allí todos los últimos veranos de nuestras vidas y
yo no me había dado cuenta de que no me gustaría vivir ahí. No por culpa de su
naturaleza,
simple pero encantadora, por supuesto…
Ahora que reflexiono, a la distancia en el tiempo y el espacio, tal vez lo que
no me gustó fue trabajar en esa escuela, con esos colegas que no me hicieron
sentir cómoda ni bienvenida. ¡Un alumno, de una familia adinerada, llegó a
decirme que yo iba a robar la plata de la pobre gente del pueblo! Como si no me
hubieran costado esfuerzo mis títulos y tratara de sobrepasar a gente más
calificada que yo... ¿Sabrán que si en el Consejo Escolar me asignaron las horas
en acto público, fue porque mis credenciales académicas eran superiores a las de otros
docentes postulantes al cargo?
El hecho
es que, antes de los dos meses decidimos volver a casa y las tremendas
ansias de llegar nos empujaron a realizar el viaje de un tirón.
Así que -a pesar de los dos cortes de rutas de los
piqueteros que debimos sortear, del frío y de la lluvia- recorrimos los
1140 km. en un sólo día, cosa que marcó un récord para nosotros.
De todas
maneras, fue una experiencia sumamente enriquecedora y, además, fue un
viajecito más con la Jawa por el Sur…Sigo pensando, como alguien cantó una vez,
que “no hay nada mejor que casa”…
Las
anchísimas playas de Sierra Grande, al Sur de Río Negro, a donde nos
hicimos una escapada un fin de semana.

La
Jawa en la ruta pidiendo un lavado, luego de tanta lluvia y kilómetros...


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