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Rutas en dos Ruedas

 

 

23 al 28 de junio de 2006

Viaje de invierno a la costa bonaerense

Por: Verónica, de Rutas en dos Ruedas

 

Teníamos unos días libres y, aún a riesgo del mal pronóstico del tiempo, que anunciaba lluvias y frío, pensamos en ir a la costa atlántica para visitar lugares que hacía muchos años no veíamos. Así es que el viernes 23 de junio a media mañana dejamos las dudas de lado, preparamos las alforjas y al mediodía salimos con el Dromedario (la JAWA reformada) hacia San Clemente del Tuyú.

A pocos kilómetros de casa, la JAWA sufrió el único inconveniente del viaje: se desoldó un fierro que sostenía el carenado con el parabrisas y éste comenzó a vibrar demasiado. Así que paramos, tomamos un alambre de la vereda, lo atamos fuertemente y seguimos así todo el camino, sin problemas.

En invierno oscurece temprano, así que había que tratar de no aflojar el paso para que no se nos hiciera de noche antes de llegar. Tomamos la ruta 2 y almorzamos en el área de servicios de Chascomús, en cuya hamburguesería hacían fila decenas de niños con uniforme de colegio privado para hacer su pedido. Por suerte, una docente amable y consciente dejaba pasar primero a quienes no éramos de ese grupo de chicos tan educados (que viajaban hacia Buenos Aires para competir en torneos de hockey y rugby), así que nuestra comida estuvo lista de inmediato. Ese ratito no me alcanzó para entrar en calor, un inconveniente que padecí durante todo el viaje.

A la ruta nuevamente, nos desviamos en Dolores para abordar la 11 y la última hora de viaje se me hizo insoportable por el frío, que se colaba por todos los resquicios posibles. Debo decir que el Santo no fue muy Clemente conmigo... Solicitamos información en la oficina de Turismo y buscamos un hotel donde hospedarnos, ya de noche. La verdad es que los precios estaban por encima de lo que esperábamos, especialmente en un fin de semana frío, lluvioso y en el que la gente no se movía de sus casas por ver los partidos del Mundial de Alemania.

Ese viernes por la noche San Clemente estaba vacío y el personal de los restaurantes abiertos se desvivía por convencernos de que entráramos. Por supuesto, entramos a uno que no nos había llamado y cenamos algo liviano, después de haber recorrido todo el centro.

La idea era pasar un par de días allí y luego continuar viaje hacia las otras localidades costeras, pero el sábado 24 se presentó lluvioso y comprendimos que no había mucho por hacer en esa ciudad. Ya conocíamos el Mundo Marino (el oceanario más grande de Sudamérica, digno de visitar) y no había mucho más para hacer allí. Además, a la tarde jugaban Argentina y México por los octavos de final del Mundial y yo quería ver el partido. Podríamos haber ido a las Termas Marinas, pero con lluvia no nos entusiasmaba y ni malla habíamos llevado. Además, nos molestó que ahora no se puede acceder al famoso Faro Querandí si no es abonando los diecinueve pesos que cuesta la entrada a las termas (que son del mismo dueño de Mundo Marino). Cuando todo se convierte en un negocio, sentimos que nos roban el país...

Tomamos unas fotos en el Puerto de San Clemente, en la entrada al oceanario, en los médanos que bordean la costa donde el mar es todavía casi río y seguimos viaje hacia Las Toninas, un balneario sencillo. Luego recorrimos Santa Teresita, que se ha puesto muy linda, Mar del Tuyú, Costa del Este y salimos a la ruta, para entrar nuevamente en La Lucila del Mar, que nos recibió con una avenida bordeada de árboles; San Bernardo, que es moderno y joven, y Mar de Ajó, que cuenta con una peatonal llena de comercios que fuera de temporada es transitable.

En ese punto retomamos la ruta 11 y le dimos hasta Mar del Plata, con lluvias frecuentes de variada intensidad. Llegamos al Centro a las 15:30 hs. y otra vez almorzamos en una hamburguesería frente al mar. ¡En media hora empezaba el partido! Tendí el dinero a la cajera, que quería rechazar los billetes porque los notaba raros. La compañera le aclaró que eran buenos, sólo que estaban húmedos... ¿No había notado que yo estaba toda mojada, con el casco en la mano?

Comimos rapidísimo y seguimos viaje hacia el Faro, ¡sin cruzarnos con nadie en veinte kilómetros! Cuando llegamos, el partido iba 1 a 1, pero tuvimos la suerte de ver el gol del triunfo mientras encendíamos las estufas y tomábamos un café caliente. Ya en clima de hogar, no importaba mucho que afuera la lluvia persistiera. Nuestras ropas se estaban secando y la ventana lucía la bandera argentina que habíamos traído en la moto durante el viaje.

El mal tiempo no cedió en los cinco días restantes, así que nos resignamos a mojarnos cada vez que salíamos. Paseamos por el Centro, siempre concurrido y con ofertas para todos los presupuestos, por la playa y por el Puerto.

El Faro de Mar del Plata, vestido para la ocasión

Faro de Mar del Plata

¡La playa toda para nosotros!

El viento volaba la espuma en las playas cercanas a Waikiki

 

 

El viaje continúa, ¿vienen?

 

 

 

 

 

 

 

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