El martes 27 fuimos hasta Miramar, "la ciudad
de los niños", que se presentaba algo solitaria, quizá por el frío y por ser un
día laborable.
Finalmente, el miércoles 28 casi a las 11 hs.
salimos de Mardel bajo un cielo que comenzaba a abrirse y en la Base Naval del
Puerto vimos entrenar al plantel de River Plate. Nuevamente tomamos la ruta
interbalnearia. Pasamos por Santa Clara del Mar, bordeamos la laguna de Mar
Chiquita y más adelante entramos en Villa Gesell, ¡una ciudad preciosa, llena de
árboles y cabañas! Anduvimos por la calle principal y almorzamos al final de
ésta, en una YPF del ACA que nos sirvió buena comida.
El sol que asomaba ayudaba a calmar un poco el
frío y nos predisponía para seguir con más tranquilidad. Tomamos la ruta otra
vez y entramos en Pinamar, un balneario que es una década más joven que
nosotros: cumple 28 años de vida. Bello por donde se lo mire, todo invitaba a
recorrer sus callecitas para descubrir sus mansiones, pero se hacía tarde y no
teníamos tiempo de pasear.
La avenida de ingreso a Pinamar y el cielo en
armonía con las banderas

Una gran bandera argentina anuncia la
proximidad del mar

Continuamos viaje y en Esquina de Crotto
tomamos la ruta 63 que comunica con la Autovía 2 (el mismo camino que a la ida).
En ese empalme, nos paró por tercera vez la policía. Volvimos a mostrar los
papeles y cuando ya los habíamos guardado apareció un agente de guardapolvo que,
muy efusivamente, le decía: "Ah, es una JAWA, las conozco bien, yo tuve una. Yo
le había puesto un parabrisas grande, de moto de policía. Pero vos la
reformaste, le cambiaste ésto, y lo otro y le hiciste aquello y le modificaste
lo de más allá"... Se hacía el amigo hasta que dudó de si no le había cambiado el
cuadro. A pesar de que le aseguró que no, quiso constatarlo personalmente y le
pidió de nuevo la cédula verde. Otra vez sacarse los guantes, abrir la campera,
la riñonera... Está bien, es su trabajo, no? Cuando terminó de comprobar que
todo estaba en orden, la remató: "¿A cuánto la llevás en ruta, 160? Porque dan
160 estas motos, la mía daba 160"... Nos miramos y le dijimos: "Qué suerte". Y
él agregó: "Sí, si yo cuando venía de Buenos Aires hasta acá la clavaba en
150!!!"
Indignada de que esas palabras fueran las de un
agente que está controlando el tránsito, retruqué: "Qué mal, porque iba a exceso
de velocidad". Pero el agente con facha de mecánico repitió orgulloso su frase,
sin siquiera aconsejarnos que respetáramos la velocidad máxima.
Más allá de la demora, nos reímos un buen rato
mientras íbamos hacia Dolores, viendo de frente los nubarrones que presagiaban
otro aguacero.
Anécdotas aparte, felicito personalmente a este
policía que ha logrado un récord con la velocidad de su JAWA que ni en la
fábrica han alcanzado, y le pido humildemente que, mientras trabaja, realice su trabajo con
corrección y eduque en la seguridad vial a los viajeros.
En Castelli paramos para merendar café con
torta en Minotauro y olvidar el frío por un rato. Cuando salimos de allí había
bajado la noche. Por suerte no llovió y a las 21 hs. estábamos cenando en casa
de mis viejos, que nos esperaron con sopa y unas sabrosas milanesas.
Es hermoso viajar. Temblar de frío. Sentir la
lluvia pesada. Tener todo el horizonte para nosotros. Llegar. Pasear. Conocer.
Regresar. Y saber que hay quienes velan por nosotros en cada viaje y que tendrán
siempre listo un plato de sopa caliente para recibirnos con amor.
Yapa: videos
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Video 1:
La costa de Mar de Ajó
Video 2:
Paseo por Villa Gesell
Video 3:
Entrando a Pinamar

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