Hugo Puente (56)
Douglas Escorpio 558 cc modelo
1948
Ricardo Puente(59) Honda Nighthawk 250 cc modelo 1994
1er día: Por fin llegó el día de partir con todas las ilusiones.
Lamentablemente el día anterior se confirmaba la deserción de uno de los
integrantes del viaje. Ernesto Gratz por cuestione personales (El Huevo) se
quedaba en el camino antes de partir.
No importa .......”igual la vamos a pasar bien” dijo Hugo, y no se equivocó!
....su pensamiento se cumplió.
Eran las 7 y 20 de la mañana cuando Hugo me llamaba por Teléfono reclamando mi
presencia –habíamos convenido partir a las 7 Hs. y yo no había llegado-, pero ya
estaba subido en la moto para partir.
Agustín mi hijo menor me acompañó en su bicicleta las diez cuadras hasta la casa
de Hugo que me estaba esperando junto a Mónica, saludamos y partimos.
Cargamos combustible en la YPF de Colon y Champagnat, y tomamos por la ruta 226
con destino final a Mendoza. Los primeros quinientos kilómetros fueron una lucha
permanente contra el viento en contra y de costado que nos tocó, era tan fuerte
que en dos oportunidades me sacó de la ruta enviándome a la banquina, en algunos
tramos no podíamos superar los 60 kilómetros por hora. Mi alergia se hacía
notar, durante ese trayecto fui lagrimeando y estornudando con el casco puesto.
Aproximadamente cada cien kilómetros parábamos a cargar nafta, la Douglas
Escorpio tiene un tanque con poca capacidad de combustible.
Dejamos atrás a Mar del Plata, Balcarce, Tandil, Azul y Olavarria, con paradas
en Tandil y Olavarria.
Alrededor de las tres de la tarde hicimos la primer parada grande en Bolívar
(los pagos de Tinelli), donde aprovechamos a refrescarnos porque a esta altura
el calor era insoportable, ahí estuvimos charlando con dos muchachos de La
Plata, vendedores de ropa, que también descansaban. Después de tomar unos mates
y descansar aproximadamente una hora y media continuamos por la ruta 226, ahora
con menos viento, pero con mucho calor.
Así pasamos por las localidades de Pehuajó (la de Manuelita), Carlos Tejedor y
General Villegas, tomamos la ruta nacional 188 y después de hacer 56 Km.
llegamos a Larroudé. Luego Hilario Lagos ya era de noche y aproximadamente a las
21 Hs llegamos a Realicó, donde decidimos pernoctar, habíamos recorrido 763
Kilómetros, tras haber viajado trece horas y media nos hospedamos en el Hotel
Realicó.
Una buena ducha, pasamos al comedor, menú del día Milanesa con ensalada, y a
dormir.
2do día: A las nueve de la mañana, después de revisar las motos y estirar la
cadena de la Nighthawk partimos hacia la ciudad de Vicuña Mackenna (Córdoba),
para llegar a la ciudad de Mendoza, pero acá el entusiasmo nos traicionó, y por
no mirar el mapa fuimos a parar a Nueva Galia (San Luis). Que pasó?, en vez de
doblar hacia el Norte y tomar la ruta nacional 35, habíamos seguido por la Ruta
188 e íbamos hacia San Rafael.
Decidimos continuar por donde nos mandaba el destino. Al atravesar el sur de San
Luis en el camino desértico nos cruzamos con varias arañas de un tamaño
descomunal (similar a un plato de postre).
Pasamos por Union (San Luis), y llegamos al limite provincial con Mendoza, acá
tuvimos que pasar por un desvío donde rocían con desinfectantes la parte
inferior de los vehículos (a nosotros nos afectó las ruedas y parte del cuerpo).
Seguimos a Canalejas (Mendoza) y General Alvear, el calor ya era insoportable,
por eso ya nos habíamos quitado parte de la ropa y manejábamos sin guantes, a
raíz de eso la mano derecha (la del acelerador) se me quemó de tal manera que se
inflamó y me dolía.
En la YPF de General Alvear merendamos con un yogur y bastante agua mineral y
luego de descansar un rato, continuamos viaje. El calor insoportable!
Llegamos a San Rafael, y nos dirigimos directamente hacia el cañón del Rio Atuel,
distante aproximadamente unos 25/30Km, tuvimos que atravesar una serie de
badenes que por suerte no tenían agua y llegamos al cañón del Atuel.
Es difícil describir el paisaje que brinda la naturaleza, el camino bordea al
río Atuel, por un callejón con paredes de impresionante altura que el mismo río
fue tallando en miles de años, bordeado por mucha vegetación que en esta época
del año está toda verde.
Por fin elegimos un camping “Ayum Yelen” o algo así y armamos nuestra carpas.
Las motos todo en orden, ya hicimos algo mas de 1200 Km.
Nos mojamos un poco en la pileta del camping, tomamos unos mates, comimos algo y
a la 21hs a dormir.
3er día: Hugo revisa la Douglas y detecta una pequeña transpiración de aceite en
la tapa de cilindro, intenta arreglarla y se rompe el conducto que transporta
aceite al cilindro. Es domingo estamos a 30 Km. de la ciudad y todo está
cerrado.
Para no perder el día decidimos recorrer el cañón del Atuel los dos en la Honda,
a esta altura ya estábamos con los cortos y en remera, el día espectacular, la
temperatura 35/38 grados, recorrimos el camino hasta que llegamos al embalse
Valle Grande, se terminó el asfalto y continuamos por el ripio pasando por las
centrales hidroeléctricas Nº 4, Nº 3 y Nº 2. En un mirador nos encontramos con
una pareja de mendocinos que andaba en una Zanellita y con otra de Suizos que
andaba en auto. El ripio se tornaba peligroso con dos en una moto, decidimos
retornar.
Como habíamos contratado una excursión de Rafting decidimos no almorzar, no
obstante ello no pudimos rechazar la invitación de participar de una ronda de
cerveza con cinco mendocinos que estaban en el camping, donde en pocos minutos y
cuentos de por medio murieron varias cervezas de litro, todas ingeridas con su
sólo vaso de acero inoxidable que pasaba de mano en mano como si fuera un mate.
A las tres y media de la tarde nos pasaron a buscar para la excursión de Rafting
que habíamos contratado para recorrer parte del rio Atuel. Luego de hacer un
curso obligatorio de manejo de remo y salvataje, nos embarcamos, con casco y
chaleco salvavidas en el primer gomón, ubicándonos como primeros remeros Hugo a
la izquierda, yo a la derecha (nosotros pensábamos que íbamos a participar como
pasajeros) el resto del bote, al igual que los otros cuatro gomones, se completó
con estudiantes uruguayos que estaban de viaje de egresados.
La excursión consiste en una flotada de once kilómetros por el rio Atuel,
pasando por varias curvas y atravesando varios rápidos con riesgo de grado 2
(máximo de la escala internacional 6).
Escribir en unas líneas lo que vivimos en esta excursión es imposible.
El primer encuentro con otro bote sirvió para iniciar una batalla de agua
lanzada con los remos, que se repitió cada vez que se acercaba otra embarcación.
En el siguiente encuentro con otro bote nos robaron a una de las chicas que
remaban, la tomaron del salvavidas por la espalda y se la llevaron al otro bote
(perdimos un remero). Luego de atravesar unos rápidos el bote chocó contra una
de las márgenes del rio y se cayó otra chica (perdimos otro remero); la guerra
de agua continuaba cada vez que nos acercábamos a cada gomón, el clima era de
diversión total.
El instructor que guiaba el bote nos arengaba: .....remo a la izquierda!,
.....remo a la derecha!, ......no remar!, .......remen todos! .... etc, nosotros
muertos de risa hacíamos lo que podíamos, que generalmente no coincidía con lo
que pedía nuestro capitán.
Bajamos once kilómetros por el rio Atuel.
No se puede describir cuanto nos divertimos !!!
Cuando llegamos con el bote al camping, toco mis bolsillos, y con amargura
compruebo que había desaparecido mi billetera con el dinero y los documentos.
Moraleja si haces rafting no lleves la billetera!
No importa, todo lo que disfrutamos vale mucho mas que lo que perdí.
Después de ducharnos decidimos ir a hacer la denuncia por extravió de documentos
y de paso para ubicar la casa de repuestos para al día siguiente poder arreglar
la Douglas.
Cuando llegamos a la Comisaría 38 (Ballofet) de San Rafael nos encontramos con
que la Oficial a cargo no nos quiere tomar la denuncia de extravío, aduciendo
que debemos remitirnos al registro civil. Luego de tratar de convencerla, sin
lograrlo, decido cambiar la denuncia de extravío por denuncia de robo y así
consigo que me tome la exposición.
Vamos al centro de San Rafael, ubicamos la casa de repuestos, luego vamos al
Banco Nación a retirar dinero del cajero y decidimos ir a cenar a una pizzería.
Nos traen la pizza y la gaseosa, cuando estoy comiendo la segunda porción siento
que muerdo algo muy duro que no es pizza sino un trozo de vidrio. Seremos locos
pero no comemos vidrio!. Llamamos al mozo le informamos, ofrece cambiarla, nos
negamos, pagamos lo consumido y nos vamos.
4to día: Nos levantamos temprano, había que reparar la Douglas para continuar
viaje, Hugo parte a San Rafael con la Nighthawk en busca del repuesto, yo me
quedo en la carpa. A los pocos minutos siento la bocina de la moto, se había
olvidado de llevar la muestra del repuesto y además se había quedado sin nafta
(olvido abrir el grifo). Parte nuevamente y a la hora y media esta de vuelta con
el repuesto reparado. Soluciona el problema, levantamos campamento y partimos
rumbo a las termas de Cacheuta.
Tomamos la ruta nacional 143 con mucho viento, y luego de transitar unos cuantos
kilómetros descubro que perdí el equipo de mate, que llevaba en una bolsa de
nylon agarrado con el pulpo. Le aviso a Hugo y rehacemos unos cuantos kilómetros
para ver si lo recuperamos, pero no lo encontramos.
Tomamos la ruta RN 40 y pasamos por Pareditas, San Carlos y Tunuyan, a esta
altura del viaje ya teníamos hambre, paramos en la parrilla “El Cordobés” y nos
manducamos un choripán sin piel a la plancha con todos los condimentos.
Charlamos un rato con el cordobés, que en realidad era un mendocino – nos cuenta
su triste historia- y seguimos viaje hacia Lujan de Cuyo, después del traqueteo
y el calor de la ruta ya el chori había transitado el aparato digestivo y se
hacia notar. A falta de baño instalado, tuve que improvisar uno a la orilla del
río Cacheuta, mientras cumplía con mis necesidades fisiológicas paso todo el
pueblo al lado mío, yo no sabia que hacer, opte por dar la espalda y agachar la
cabeza, en tanto Hugo que se había encontrado con un motoquero, le mostraba su
Douglas a un marplatense instalado en la zona con taller mecánico.
Continuamos viaje a Cacheuta por un camino entre montañas espectacular, a las
seis de la tarde llegamos a las Termas y nos encontramos con la novedad de que
ya no permitían acampar dentro del complejo Termal, así que nos instalamos en el
patio trasero de la proveeduría ubicada enfrente, dejamos las motos, ingresamos
al complejo y nos dimos unos regios baños termales en el piletón de aguas
calientes. Salimos de las termas y fuimos a armar las carpas. Mientras intentaba
armar la carpa, apareció un perro de caza, con una pelota en la boca, la soltó
sobre mis pies y se alejó unos metros esperando que se la lanzara (quería jugar)
se la tiré, me la trajo nuevamente y repitió la operatoria montones de
veces........ no me lo podía sacar de encima, no me dejaba armar la carpa.
Por fin fuimos por unos sándwich en la proveeduría, donde nos encontramos con un
grupo de jóvenes que hablaban un idioma no muy común (creí que eran turcos),
pero al preguntarles en mi limitado spanglish me respondieron que eran
israelíes.
Acá Hugo recolectó los primeros recuerdos: un protector solar y medio rollo de
P.H. dejados por los extranjeros. Terminamos de comer y nos fuimos a dormir.
Cacheuta es una vieja estación del tren trasandino, que la naturaleza privilegió
con aguas termales y parece un pueblo del lejano oeste con muy pocas casas y
escasa población, que en temporada alta recibe a mil personas por día que
concurren al complejo termal. Esta construida sobre las márgenes del río
Cacheuta, y tiene un puente colgante peatonal, para cruzar de un lado al otro.
5to día: Levantamos campamento cargamos las motos, nos sacamos una foto y otra
vez a la ruta. Pasamos por Lujan de Cuyo, reponemos combustible, tomamos un café
y seguimos por la ruta nacional 7 con destino a “Las Cuevas”, bordeamos
Potrerillos y llegamos a Uspallata el camino hermoso, con una vista
espectacular. Paramos en el cruce a cargar combustible y averiguar el estado de
la ruta (había nevado dos días antes), vemos que aparece un grupo de motos
Transalp con un equipo espectacular, que mirando lo nuestro nos hace sentir poco
menos que cartoneros.
Arrancamos nuevamente, pasando por Punta de Vacas, Penitentes y llegamos a
Puente del Inca.
La Honda ya empezó a quejarse, la altura se hacia sentir el motor se ahogaba y
no respondía normalmente, había que bajar cambios a cada rato, incluso tuve que
poner segunda varias veces, Hugo se me escapaba, el 3CV de la Douglas como si
nada, solo que no toleraba que le pusieran la tercera porque saltaba, solo
viajaba en 2da o cuarta, pero se bancaba perfectamente la altura.
Llegamos a Puente del Inca, con mucho frío, estiramos un rato las piernas, me
compré un cuellito de polar para aguantar un poco la temperatura, recorrimos el
lugar, sacamos unas fotos y seguimos hacia Las Cuevas, siempre subiendo,
atravesamos unos cuantos túneles, y por fin llegamos a las Cuevas (altura 3200
metros sobre el nivel del mar), acá Hugo encuentra otro recuerdo un par de
anteojos para sol, perdidos por alguien en la nieve. El camino al Cristo
Redentor estaba cerrado con mas de dos metros de nieve sobre el asfalto, el
único paso a Chile habilitado era el túnel trasandino. La idea de pasar a Chile
la tuvimos que descartar por haber perdido mis documentos.
Estuvimos un rato en la nieve, sacamos fotos tomamos un café y empezamos a
bajar.
Pasamos nuevamente por Puente del Inca, y llegamos a la entrada del Aconcagua,
nos metimos por un camino de ripio y llegamos al puesto base del parque nacional
Aconcagua, donde hay que registrarse para ingresarse, y tienen el helipuerto con
el helicóptero para emergencias. Estando ahí vimos bajar a los baqueanos con una
manada de mulas equipadas con los arneses para transportar equipos de los
andinistas. Las mulas bajan solas adelante, conocen perfectamente el camino de
regreso, los baqueanos viene detrás. Casi todos los que llegan son extranjeros.
Muy interesante.
Después de un rato arrancamos nuevamente.
Volvimos al asfalto, tomé la delantera con la Honda fallando, mi hermano mas
atrás, cada tanto miro los espejos y no veo la luz de la Douglas, me detengo y
al rato veo que aparece Hugo blandiendo la cámara fotográfica en su mano. Que
paso? Se abrió mi bolso, la Nikon se cayó y entró a rodar a 90 kilómetros por
hora golpeándose y rebotando contra el asfalto, de milagro no la piso un camión.
Que amargura pensar que se hayan perdido las fotos! La maquina se puede reponer,
las fotos no! Guardé la maquina casi sin mirarla y continuamos.
Hugo va adelante, yo lo sigo, nuevamente mis intestinos se hacen sentir, estoy
muy descompuesto, a pesar del frío estoy traspirando, no resisto mas, debo parar
en cualquier lado, me bajo a la banquina e improviso un baño al lado del camino,
en medio de la naturaleza. Como mi hermano no me ve regresa, y tiene que
auxiliarme!
Mientras me repongo Hugo cambia las bujías de mi moto, al apunarse la moto se
ahogó, empezó a fallar y las bujías se pusieron en corto, cargamos todo
nuevamente y continuamos viaje.
Pensábamos dormir en un Hotel de Penitentes, pero no lo vimos y continuamos
hasta la ciudad de Mendoza, llegamos al atardecer y luego de averiguar en
turismo nos alojamos en el Hostel Alamo, en pleno centro.
Recorrimos la plaza principal, que ocupa cuatro manzanas y está muy bien
mantenida, luego caminamos por la peatonal, en donde por obra del destino nos
encontramos con Leopoldo (el cuñado de mi cuñado), un mendocino que cultiva vid
y tiene una bodega en Tupungato. Después de intercambiar saludos, y charlar un
rato nos invita a conocer su bodega, y combinamos para encontrarnos al día
siguiente.
6to día: Desayunamos, cargamos las motos y vamos al parque Gral. San Martín, de
los mas grandes y hermosos del país (similar a Palermo de Bs. Aires), subimos al
cerro “La Gloria” homenaje al ejercito de los andes, recorremos el parque, el
lago, y nos quedamos en el club Regatas esperando que Leopoldo pase a buscarnos.
Cuando llega el mendocino arrancamos hacia Tupungato, Leopoldo en su Ford
Explorer, nosotros en las motos. Durante el camino hicimos algunas paradas donde
nuestro anfitrión aprovecho para explicarnos las distintas clases y formas de
cultivar la vid, pasamos por una plantación de cerezas, que parecían arbolitos
de navidad cubiertos por los rojos frutos.
Por fin llegamos a la bodega (con mucho frío). La bodega es pequeña y muy
antigua (principios del siglo pasado), el techo esta construido con cabriadas de
troncos, el tablado esta hecho con cañas etc. Pero esta agiornada con tecnología
moderna. Nos dieron a probar vino puro, que extrajeron con una especie de pipeta
de un piletón de 67.000 litros. Leopoldo nos explico todo el proceso de
elaboración, desde que los camiones vuelcan la uva en el lagar, hasta que el
vino está en condiciones de consumirse. Muy interesante. Almorzamos en un
restaurante familiar, nos despedimos, y a la ruta nuevamente.
Al atardecer llegamos a San Rafael, con idea de acampar en el “Nihuil” llegamos
al camping del club de pescadores, pero estaba muy desolado, no había nadie, así
que retornamos hacia San Rafael, sufriendo porque no habíamos podido cargar
nafta y llegamos con la reserva. En esta ciudad nos hospedamos en una casona
colonial con un patio central bordeado de habitaciones, denominado “La
Esperanza”, guardamos las motos, nos instalamos y salimos a cenar.
7mo día: Amaneció muy feo, con pronostico de lluvia, los planes eran volver al
cañón del Atuel para acampar un día mas, pero las condiciones no eran las
mejores, así que después de desayunar decidimos emprender el viaje de regreso.
Tomamos la ruta RN 143 para llegar a General Alvear, y continuamos por la ruta
RN 188 hasta encontrar la ruta 226, el viento que nos tocó al cruzar la
Provincia de San Luis era impresionante, la tierra volaba de un campo a otro
atravesando la ruta, las matas de cardo ruso rodaba saltando alambrados, pasaban
la ruta y nuevamente saltaban al otro campo, se hacia casi imposible mantener la
moto en el asfalto. Paramos en “La Unión” a reponer combustible y merendar, y
nos encontramos con el señor de la vaquita. Increíble la policía de San Luis no
lo dejaba ingresar a Mendoza porque no tenia el recibo de lavado del trailer que
transportaba la vaca. De no creer!
Continuamos con nuestra marcha, a esta altura del camino nuestros traseros se
quejaban de dolor, cada tanto nos parábamos sobre los pedalines para poder
ventilarlo, así fuimos pasando por Realicó (La Pampa), General Villegas, Carlos
Tejedor y Pehuajó, en esta zona el camino esta rodeado de lagunas que desprenden
un hedor tremendo por el barro podrido, finalmente llegamos a Bolivar, nos
alojamos en el Hotel y fuimos a cenar a la parrilla “Don Pedro”, donde comimos
una parrillada muy buena... y a dormir.
Habíamos recorrido 750 kilómetros.
8vo día: Después de desayunar revisamos las máquinas, Hugo le puso un trapo
nuevo a la Douglas, que venia lagrimeando aceite y estiramos la cadena de la
Nighthawk, que ya no daba mas. Recorrimos un poco la ciudad (muy linda), y
nuevamente a la ruta.
Antes de llegar a Tandil, sobre un puente divisamos una silueta humana y una
moto, era “El Huevo” con la Lujan Car y el estereo al mango, nuestro acompañante
fallido había hecho mas de 170 kilómetros para recibirnos (muy valorable). Luego
de darnos un abrazo de tres, como dijo el master, paramos en la YPF de Tandil.
Mientras estábamos tomando un café, apareció Omar Santiago, mi compadre
tandilero, que se acercó a saludarnos y charlar un rato. Nos despedimos y a la
ruta nuevamente. Sólo quedaban por recorrer 170 KM para llegar a Mar del Plata.
Cuando estábamos entrando en Colon y Champagnat nos encontramos con Jorge
(masita) en su camioneta, saludamos y continuamos, pasamos por gomería Colon, y
paramos en la bulonera, salieron a recibirnos Celeste, Eduardo y el Topo nos
sacamos unas fotos, y finalmente a casa.
Se había cumplido un sueño 3.665 kilómetros en 8 días un viaje realmente
inolvidable en moto y con mi hermano. Gracias a Dios sin problemas.
La sensación que se siente al transitar en moto en medio de la inmensidad de la
naturaleza, rodeado de montañas bajando por curvas y contracurvas, sientiendo el
frio y el viento en el cuerpo no se puede comparar y sólo lo puede sentir
alguien que transite sobre dos ruedas.
Ricardo Puente
P.D.: Por suerte la cámara fotográfica soportó la caída y no se perdió ninguna
foto.
Ricardo en Cacheuta

Ricardo en Puente del Inca, Mendoza

Hugo en Las Cuevas, Mendoza, ¡con dos metros de
nieve acumulada!

Los viajeros, con "Huevo" y Celeste, en Mar del
Plata

El texto se ha incluido sin
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