Soy
un asiduo concurrente a los encuentros, pero el viaje más importante que hice
fue hasta Mendoza con el Club de Jawa. En realidad, yo fui infiltrado, porque
tengo una
Kawa KZ 650, pero fui recibido por el club con la cordialidad y
camaraderías que caracteriza a los motociclistas. El grupo en cuestión era de
catorce motos: diez “Jawa” y cuatro japonesas.
Este
tercer raid Buenos Aires - San Rafael - Buenos Aires comenzó el jueves 22 de
febrero de 2001, como se anunció en el club. Partimos todos del peaje de la
Autopista del Oeste a la altura de Morón, a las 8:30 hs. Uno de los
participantes no había podido terminar de arreglar su moto, pero llevado por el
entusiasmo, se prendió en un auto, con su esposa y dos hijas.
El
primer tramo se hizo hasta Junín, donde
cargamos nafta y descansamos un rato. En ese lugar, decidimos ir a Mendoza, en
vez de San Rafael, como era el viaje anunciado. En ese punto, dos motos y el
auto decidieron seguir por la ruta 188 porque los estaban esperando y el resto
seguimos por la ruta 7. El cambio de planes fue para no hacer dos veces el mismo
recorrido (San Rafael - Mendoza- San Rafael). En el tiempo que estuvimos en la
estación de servicio fueron llegando amigos con motos de las más variadas marcas
(mayoría “Jawa”) que a la hora de partir nos acompañaron un buen tramo del
camino.
La
siguiente posta fue en Rufino (Santa Fe); lo
destacable fue la temperatura, que rondaba los 35*C, y un desvío de 30 km. de
tierra por causa de las inundaciones. En dicho desvío, que me tocó hacerlo solo,
daba la sensación de que el agua me iba a tapar, porque fuera del angosto camino
de tierra, era todo agua.
El
otro tramo fue Rufino - Laboulaye - Mercedes.
En Mercedes, (San Luis), nos esperó el Club de Jawa con un refrigerio, que
a esa altura del viaje fue muy bien recibido. Aquí tuvimos una demora importante
porque faltaban dos motos, aunque sabíamos que iban a tardar. Al pasar el tiempo
que se consideró prudencial para que llegaran, Roberto Martínez, organizador del
viaje y presidente del Club, volvió a buscarlos. A los cinco minutos de la
partida de Roberto aparecieron Jorge y Juan (los perdidos) muy sonrientes y
contentos por habernos encontrado. De nada valió la urgente y veloz salida de
Aldo tras Roberto, ni los infructuosos llamados de celular, lo único que quedaba
por hacer era esperar, ahora a Roberto. La razón del desencuentro, (porque es
muy difícil no verse en la ruta), fue que los retrasados se equivocaron y
se metieron en el pueblo.
Después de más de una hora de la partida de Roberto, ya entrada la noche, sonó
el teléfono: era Roberto que, con voz preocupada, contaba que había desandado
120 km. y no había encontrado a nadie. Después de contarle que los extraviados
estaban con nosotros, de vuelta a esperar. Pero la espera fue entretenida,
porque entre veinte personas siempre hay motivo de diversión. Después de más de
una hora vimos aparecer por la ruta una sola luz… En lo personal, pienso que si
hubiera sido yo el que hizo 250 km. de más, mi humor no sería el mejor, pero a
medida que la luz se acercaba pudimos ver la resignada sonrisa de Roberto.
Mientras descansaba, decidimos unas modificaciones: en vez de llenar el tanque
en San Luis, que era lo programado, lo haríamos en Mercedes y reabasteceríamos
combustible en Desaguadero.
Iniciamos la marcha entrada la noche y aparentemente sin ninguna novedad, salvo
que al atravesar la ciudad de San Luis
sentimos cómo se nos taparon los oídos y un marcado aumento de la temperatura
ambiente. Al llegar a Desaguadero, límite San
Luis - Mendoza… ¡sorpresa!, no había estación de servicio. Tomamos la única
posibilidad que había: seguir adelante, a riesgo de quedarnos sin nafta,
hasta La Dormida, donde podríamos cargar,
En
La Paz nos detuvimos a ponernos el equipo de
agua porque se avecinaba una tormenta, pero antes tuve que solucionar un
problemita eléctrico (cambio de batería con la otra Kawa porque no cargaba el
alternador de mi moto). Aproximadamente a las 4:00 hs., acompañados por la
lluvia, nos reunimos en la estación de servicio de La Dormida.
A las
7:00 partimos hacia Mendoza, adonde llegamos
bien entrada la mañana, pasando antes por Santa
Rosa, San Martín, V. Nueva, etc. Atravesamos la ciudad, impresionados por
su limpieza y belleza, para llegar al camping al pie de las sierras.

Ya
instalados, después del correspondiente baño, Juan se lució con un sabroso
asado. Luego, la reparadora siesta, y después de nuevo a la ruta, destino: el
Cristo Redentor. Pero no se pudo llegar al lugar, solamente hasta el
Puente del Inca, porque más adelante la ruta
se encontraba congelada y la Gendarmería no dejaba seguir. Es decir, que pasamos
de 38*C a bajo 0*C.
El
sábado 24 fuimos hasta San Rafael. Vale
destacar la belleza de las ciudades que pasamos:
Luján de Cuyo, Tupungato, Tunuyán y los 98 km. de absoluto desierto que
van desde Pareditas a Las Paredes. No se
puede dejar de resaltar la hermosa entrada a San Rafael, una ruta bordeada de
árboles. Atravesamos la ciudad, más pequeña pero no menos hermosa que Mendoza, y
llegamos a un camping enclavado en medio de las sierras y a un costado del
Río Atuel.

Ahí
nos encontramos nuevamente con el compañero del auto (Fernando) y las otras dos
motos. A las 22 hs. realizamos la excursión a la
Cueva de las Tinajas, en donde se encuentran pinturas rupestres de los
indios Huarpes.. El recorrido fue de 4 km. de ripio, el resto del camino hubo
que seguirlo a pie, porque era intransitable para las motos.
En
las primeras horas de la tarde del domingo, nos trasladamos en nuestras motos
río arriba, donde se encontraban los organizadores del viaje en gomón. En dicho
lugar cambiamos de transporte y en una combi seguimos remontando el río. Después
de un curso acelerado, compartimos el gomón con dos motociclistas de San Luis,
que se integraron rápidamente al grupo. Luego de chapuzones en remolinos y
dejarse llevar por la corriente, en una hora llegamos al final del recorrido. Y
de vuelta a lo nuestro, las dos ruedas.
Ya en
el camping, con amenaza de lluvia, empezamos los preparativos para trasladarnos
donde nos esperaban dos chivitos al asador. Como la parrilla era cerca, a medida
que estábamos listos, íbamos partiendo, cuando, de pronto, ocurrió lo que hacía
dos años no pasaba en San Rafael, parecía que la tormenta nos hubiese esperado a
nosotros…
Por
consecuencia de este fenómeno climatológico, el grupo quedó dividido, porque
cuando llueve no se permite la circulación de personas ni vehículos. Así que
hicimos lo único que quedaba por hacer: dar buena cuenta de los chivitos.
Como
seguía lloviendo como si recién hubiese empezado, tuvimos que pasar la noche en
la parrilla, que por suerte estaba preparada para eso.
El
lunes nos levantamos temprano, viendo cómo el sol empujaba a las nubes perezosas
que se negaban a dejarlo brillar. Al regresar al camping, descubrimos la razón
de la prohibición de circular: los badenes que habíamos transitado varias veces
en los distintos paseos estaban casi nivelados por piedras de las montañas que
había arrastrado la lluvia en su veloz caída buscando el Atuel. Además, rocas
que habían caído de las cornisas, estaban diseminadas por el camino, como muda
prueba de lo acontecido la noche anterior.
Dentro de todo, nosotros habíamos sido bien tratados por la tormenta; a nuestros
compañeros les había ido muy mal. Una acequia que corría entre las montañas y el
camping se había transformado en una trampa de agua para nuestras carpas. Al
verse saturada por la gran cantidad de agua que venía de la montaña, la acequia
tuvo la mala idea de romperse justo detrás justo detrás de nuestro campamento,
inundando el cámping y llevándose todo lo que no estaba atado, incluyendo una
casa rodante. Como corolario de ésto, se cortó la energía eléctrica y había más
de 50 cm. de agua en el piso. El baño fue el único lugar donde nuestros
compañeros pudieron guarecerse. Los daños fueron: casi toda la ropa mojada,
cámaras de fotos y filmadoras pasadas por agua y motos con agua en los
carburadores, porque algunas se habían caído al ablandarse el piso. Después de
acondicionar las cosas y dar cuenta de lo que quedaba del chivito de la noche
anterior, comenzamos el regreso. En Ameghino, (Bs. As.) yo pinché una rueda,
pero el viaje fue muy rápido y sin problemas.
AQUÍ ESTÁ CACHO CON SU KAWA EN SAN NICOLÁS


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