Ya con tanque lleno salí de Buta Ranquil con ganas de llegar a Chos Malal, y con
ganas de que el día no termine, así que muy pronto hicimos los 90 km que me
faltaban y a buscar alojamiento, bastante más caro en este caso pero como era
solo por una noche, cuando encontré algo +o- y cerca de los restaurantes lo
tomé. Yo siempre busco algo donde puedo salir a caminar, tengo algo cerca para
cenar y con estacionamiento seguro, esto último no es negociable en ninguna
ciudad o pueblo, es una de mis fobias.
Una linda cena, el resultado del día fue algo así como 620 kms hechos con 31
ltrs de nafta y no tuve que agregar más aceite, temprano en la cama y con una
sonrisa que podía empujarme la almohada de costado dentro de la boca, así me
dormí y me desperté temprano, acomodé los bolsos y listo a desayunar, la
ansiedad por estar nuevamente en camino era incontenible. En la estación de
servicio llené el tanque y salí camino a Zapala.
El camino es bellísimo con un aroma de pastos que va a quedar conmigo por largo
tiempo. Muy pronto llegué a Zapala donde decidí llenar de nafta el tanque y un
pequeño bidón donde puse 2 litros por las dudas, ya que no estaba muy seguro de
mi próxima oportunidad, yo estaba creído que había nafta en el cruce de S. M de
los Andes o en Confluencia, pero me advirtieron que la estación del ACA está
abandonada.
Ya con todo asegurado retomé el camino pero no sin antes perderme y salir para
el lado equivocado, una vez orientado y con la brújula apuntando en el sentido
correcto tomé velocidad hice unos 100 kms y paré a tomar unos mates y a vaciar
el contenido del bidón en el tanque, no me gusta viajar con nafta en cosas de
plástico, en mi caso en un bidón de aceite, creo que son muy peligrosos en caso
de una caída, así que una vez atendido este asunto y con unos mates arriba
nuevamente en marcha, en esta oportunidad dejé la monta mirando para donde tenía
que seguir, cosa de no errarle digo.
Pasé el cruce de rutas a S.M. de los Andes y también el de Piedra del Águila
donde no encontré ningún parador ni estación de servicio, pero antes de llegar
al cruce del camino que va a piedra del Águila hay unas vistas imperdibles del
lago formado por el dique de ese nombre, hay que arrancarse del paisaje para
poder continuar el camino en mi caso rumbo a Confluencia. El paisaje una vez más
me mantenía con los ojos abiertos a full, y era realmente difícil mantener la
vista en la ruta.
Las formaciones rocosas, las formas que ha tomado la lava y cómo el viento y la
erosión las ha esculpido son de otro mundo, algo que si tuviera fondo rojo en
lugar de verde diríamos que son extraterrestres. Si bien tenían razón en que no
había nafta, igual paré para mirar tranquilo y ya que estaba almorzar algo, para
continuar hacia mi destino del día Bariloche.
Confluencia



Por más que quería irme no me podía despegar del lugar pero al final tuve que
decir basta y arrancar de una vez, nuevamente la marcha fue juiciosa ya que
tenía que recorrer 360 kms con 19 ltr (17 tanque y 2 extras), y si bien mis
cálculos decían que era suficiente para hacer 430, no quería tentar la suerte
más de lo debido.
Lago
Nahuel Huapi, atrás Bariloche me espera

De repente me encontré frente al Nahuel Huapi y Bariloche me esperaba en el lado
opuesto bajo un sol radiante, propio de una postal. Lentamente me fui acercando,
el tráfico fue aumentando y antes de lo esperado estaba frente a la Catedral
mirando sus aguas. Me detuve solo unos minutos y al subirme a la moto para salir
a buscar alojamiento veo que unos metros más adelante, frente al agua hay unos
hoteles. Sin pensarlo 2 veces me dirijo hacia la esquina y sorpresa la mía
cuando me dicen que una pieza, con ventana al lago cuesta menos que en Down Town
Chos Malal. Como uno puede resistir esta oferta?, sé que ustedes en mi lugar
hubieran hecho lo mismo así que la tomé por 5 noches...
La
Catedral de Bariloche, una hermosura de simple

La cuestión del aceite venía bien con 600 ml. consumidos en total a mi arribo a
Bariloche. El consumo de nafta fueron 24 ltr para recorrer lo 570 kms desde Chos
Malal.
Con
mucho orgullo navegando en el lago

Ahora
sé por qué lo llaman Lago Espejo

La
angostura entre dos lagos

Los próximos 4 días se pasaron volando, recorriendo todo y mirando cosas hasta
que me dolían las retinas. Las opciones de cosas para hacer, ver y comer son
interminables como ustedes probablemente ya saben. Recorriendo la zona de
Bariloche agregué otros 600 Km. visitando los lagos y millones de atracciones
que tiene esta región.
Ahora solo quedaba por encarar la vuelta, revisar la moto y planear la ruta.
Ahora el camino a encarar era por Piedra del Águila, Cipoletti, Casa de Piedra,
Gral. Acha y Santa Rosa.
Salí temprano, antes de las 0730 ya estaba desayunado y saliendo de Bariloche
bajo una suave llovizna que era un reflejo de mi tristeza por dejar estos bellos
lugares, pero tenía por delante unos 1.600 excitantes Km. por hacer, así que
como dice el refrán, “muerto el rey, viva el rey”
Cambié la cara y a marchar, los días anteriores había estado de primera, con
calor que me permitió salir a cenar en mangas cortas, ahora la cosa estaba
fresca, el termómetro que tengo en la moto marcaba 6 grados y recién empezó a
aclarar y salir un poco el sol alrededor de Piedra de Águila, donde paré a
cargar nafta, tomar un café y la infaltable visita al baño.
Casco puesto arranqué nuevamente, no tenía una meta definitiva para la noche,
pero tenía ganas de parar en Santa Rosa.
No me pude contener y al ver el color del agua del Chocón tuve que hacer un
desvío y verlo más de cerca. De acá a Cipoletti donde después de los 555
semáforos logré cruzar la ciudad de Neuquén, almorzar algo y continuar. Ahora lo
que atrajo mi atención fue el dique Casa de Piedra, más adelante paré en esta
misma localidad a cargar nafta pese a que no necesitaba por suerte paré porque
esta fue la última oportunidad que tuve de hacerlo hasta Gral. Acha.
El
Chocón

Al pasar por Lihuel Calel quise encontrar unas ruinas de una estancia que me
habían comentado unos amigos, pero sin ninguna información disponible y atendido
de muy mala manera me fui del café/ estación de servicio/almacén que hay en el
lugar, y de paso esta buena gente no tenía nafta.
Ya a esta altura el tiempo había cambiado nuevamente y estaba frío, ventoso y
caía una persistente llovizna que me acompañó hasta mi próxima parada en Gral.
Acha.
Cargué nafta y ya el cielo cambiaba de cerrado a amenazante y de a poco la
llovizna se transformó en un diluvio, los últimos 110 fueron más aptos para
hacerlos en submarino que en moto.
Al final cuando por fin ya de noche llegué a Santa Rosa estaba toda la ciudad
inundada, por suerte entrando por la avenida principal veo al costado un hotel
donde yo pude entrar con la moto gracias a las ruedas altas pues la colectora
estaba toda inundada y los autos no se animaban a tomarla, esta gente me atendió
de primera pese a que les dejé un charco de 20 litros de agua frente al
mostrador. No solo me dieron la bienvenida sino que me dieron las llaves para
que pase a mi habitación y me ponga cómodo y después que venga a hacer los
trámites y pagos correspondientes, obviamente una forma delicada de decirme,
dejá de mojarme el piso en la recepción.
Una vez completados estos trámites de rigor me recomendaron una parrilla,
llamaron a la parrilla y me vinieron a buscar en auto. Nuevamente la hora de la
cena fue el momento de hacer un recuento de la jornada. En total 960 km y 44
litros de nafta, estaba bastante cansado pero esto se debía más a la tensión de
hacer los últimos 110 km bajo ese diluvio y con un tráfico constante. Realmente
estresante.
La noche se me pasó como en un segundo, al otro día durante el desayuno el tema
de todas las mesas era el de la lluvia, nunca se había visto en Santa Rosa
algo así y ahora a las 0700 de la mañana continuaba lloviendo, no tan fuerte, ya
el agua que cubría la colectora y gran parte de la avenida principal había
bajado pero se podía ver el daño hecho la noche anterior.
Mis planes para el día eran de ir rumbo a Gral. Pico, Alvear, Gral. Villegas,
Santi Spiritu y finalmente Rosario, la lluvia me siguió constantemente hasta
Alvear, donde el día se transformó rápidamente en nublado y luego para cuando
llegué a Gral. Villegas casi tengo que sacar la crema bronceadora de piel.
El regreso fue muy tranquilo, con los sabidos conocidos nervios de los últimos
kilómetros, donde tratamos de recordar cada Km. recorrido, no queremos
olvidarnos de ningún detalle y al mismo tiempo tenemos que manejar en tráfico de
la ciudad y pensar en cómo nos van a recibir y qué les vamos a contar primero a
nuestros seres queridos.
En mi caso estos últimos Km. son los más estresantes, en fin la realidad fue un
tanto diferente, llegué a casa y nadie esperaba que llegue tan temprano, antes
de las 1700, esto me permitió abrir el garage, guardar la moto y sacarme el
equipo antes de que vinieran las mil preguntas.
El resumen de este día fueron 635 kms con 30 litros de nafta y el corazón a 200
palpitaciones por minuto por todas las emociones vividas.
Con el
Tata, mientras compartimos unos mates. Yo le cuento mi viaje y él recuerda los
hechos 50 años atrás en su moto con sidecar

Ahora quiero hacer algunas acotaciones antes de despedirme, primero y principal,
el viajar bien depende más del estado de ánimo que del tiempo o de la moto en
que lo hacemos. Hay que salir para hacer el viaje, no para llegar, vayan parando
y disfrutando de todo lo que hay para ver. Si encuentran una zona desolada y
árida, busquen un poco más de cerca, les juro que hay millones de plantas y
animales adaptados a esto y se pueden perder la vacaciones admirándolos.
Hay que aprender a mirar y aprender a ver, tenemos la suerte de tener un país
muy grande y muy variado, hay que aprovecharlo.
Si yo tuviera que formar un club de motociclistas formaría el club de Turismo
Lento, donde va a ser obligatorio traer a la próxima reunión como mínimo una
historia local y una receta de alguna comida tradicional del lugar que hayamos
visitado. Qué les parece?
A todos muchas gracias por haberse tomado el tiempo para leer esto y en especial
a vos Verónica por tomarte el trabajo de descifrar y corregir este entripado que
tenía y quise ponerlo en letras en tu página,
hasta
la próxima amigos.
¡Precioso derrotero en la Suzuki, Rubén!

©
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