RUTAS EN DOS RUEDAS FUE UN REFERENTE ANTES DE ORGANIZAR NUESTRO VIAJE Y AHORA LO
QUIERO COMPARTIR CON USTEDES.
FUE EL ÚNICO LUGAR QUE CONSULTAMOS ANTES DE SALIR A LA RUTA,
LES ENVÍO UN AFECTUOSO SALUDO.
Siete provincias en ocho días
De lunes a lunes
Quizá porque ya pasaron un par de meses y las ganas de volver al
camino me desbordan, es que me decidí a contarles el viaje que realicé con mis
dos compañeros de aventura (Pablo, Diego y yo, Carlos).
No pretendo hacer un relato exhaustivo de kilómetros,
rutas y acontecimientos, sino dejar la experiencia de un viaje movidos tanto por
la amistad y el compañerismo, como por las ganas de descubrir nuevas
sensaciones.
Nuestro objetivo era visitar a Fernando un amigo que decidió vivir en Tucumán.
Nunca fuimos motoqueros, de hecho Diego compró su moto
unos
días antes de viajar.
No tenemos conocimiento de mecánica.
No somos adinerados.
Mucho menos valientes.
Solo pretendimos salir de la rutina y lejos de tener una mejor idea, decidimos
ponerle el pecho al viento y el trasero al asiento.
Si hay tres protagonistas de esta aventura que vale la pena mencionar: Por orden
de edad Honda Rebel 250 modelo 87, Yamaha SR 250 modelo 97 y Yamaha XT 225
modelo 2006.
A las corridas, dejando todo para último momento y apenas con una mochilita cada
uno, decidimos salir de Villa Tesei en una fría noche de invierno. Por suerte
muy abrigados, aunque los dos pares de guantes y las medias de lana mas las
térmicas y los borsegos parecían una fina ceda ante la adversidad del clima.
La sorpresa llegó cuando en el camino del Buen Aire, antes de llegar a
Panamericana, apenas pasada las 5 de la mañana la Rebel cortó su marcha como
presagiando lo que después iba a ser sometida.
Ahí nos cayó la ficha y nos dimos cuenta que lo que estábamos haciendo era una
locura, estuvimos a punto de volver al lado de la estufa y a la tibia cama
cuando el motor bicilíndrico volvió a rugir.
Nos miramos con asombro y seguimos ruta hasta Campana, lugar donde hicimos
nuestra primera parada. Jamás había sentido tanto frío, más tarde nos
enteraríamos que la sensación térmica arriba de la moto a 90 km por hora era de
menos 20 grados.
En Campana entramos a una estación de servicio en medio de la oscuridad de la
noche a tomar un café y debatir qué sería del futuro de nuestro viaje. De pensar
que días antes habíamos estado soñando con que llegue el día de la huida y ahora
estábamos pensando a solo 90 km de Buenos Aires en abortar misión.
Decidimos esperar a que asome el alba, lejos estaba Salta con sus peñas la
alegría de su gente, el vino de Cafayate y las yungas de Tucumán, lejos de esa
derrotada mesa de café.
Tardo en aclarar el sol nunca apareció, más tarde nos enteraríamos que ese fue
el día más frío del año.
Solo teníamos dos opciones, rumbo norte a la aventura o rumbo sur a la boca del
enemigo. Volvimos a llenar el tanque de combustible, llenamos los pulmones de
aire y empezamos en ese momento el viaje tan soñado.
La distancia entre las paradas se hacía cada vez más largas, a medida que se
adentraba el día y que nuestro cuenta kilómetro sumaba canas.
Entrar en Santa fe nos hizo soñar con dormir esa noche en Córdoba, pensábamos
que lo peor lo habíamos pasado pero nos encontramos con la sorpresa que en el
desolado autopista que une Rosario con Córdoba solo teníamos para resguardarnos
del frío los puentes que lo atraviesan.
Nuestro objetivo antes de salir, era dormir en Capilla del Monte, aunque no
pudimos cumplirlo llegamos a Carlos Paz y nos alojamos en un hotel económico,
que sobran en temporada baja.
Carlos Paz siempre bella, el cansancio era tan grande que Diego mientras
cenábamos deliraba y hablaba, pero en realidad estaba dormido con los ojos
abiertos.
Al fin una cama cómoda y caliente.
Me desperté antes que todos y al asomarme a la ventana y mirar hacia la sierra
me sorprendo de lo que estaba pasando afuera. NIEVE!!!
No lo podía creer, pronto nos cambiamos y salimos nuevamente a la ruta,
empezaría una nueva etapa del viaje, cargada de animo y convencidos que después
de lo que habíamos pasado y lo que estábamos pasando, ya estábamos inmunes al
infortunio climático.
Ya no se sentía ni el frío, ni la humedad de los pies, ni el cansancio, manejar
por la nieve en el medio de las sierras fue una experiencia inolvidable. Ese día
pretendíamos llegar a Tucumán, a la casa de Fernando y Fátima. Pero hicimos
noche en Recreo, Prov. de Catamarca, previa cena con chivito de la provincia.
Nos levantamos tempranito y seguimos el viaje, en ese pueblo evidenciamos ser
forasteros, nos miraban como tres locos escapados de algún manicomio, hasta un
niño nos llego a decir que nunca había visto “motos tan chicas” por la ruta.
Con el equipaje mal atado seguimos viaje y luego de que Diego pierda el bolso en
la entrada de Tucumán, por fin llegamos a destino, a la casa de nuestros amigos.
Tucumán fue un trago amargo por la pérdida del equipaje, la cuesta de los Sosa
cerrada por el hielo y caminos defectuosos y con transportes cañeros a baja
velocidad.
Decidimos seguir viaje a Salta, y logramos llegar de noche y apreciar a “la
Linda” desde el cerro San Bernardo. En esta parte del viaje se sumaron Fer y
Fati en su auto, por los tanto fue un tramo más tranquilo porque teníamos apoyo.
Por fin la soñada noche de vino y peña folklórica en la distinguida calle
Balcarce.
Noche en hostel y a la mañana camino a Cafayate por la
Quebrada de las Conchas.
Salta aparte de ser hermosa cuenta con un microclima,
fue en
el único momento del viaje que sentimos calor.
El vino torrontés hizo lo demás.
Nos levantamos a la mañana y empezamos a desandar los pasos, nuestros amigos que
viajaban en auto volvieron a Tucumán. Salimos de Salta por el lado de Amaicha
del Valle, y Tafí del Valle, llegando esa noche a las Termas de Río Hondo en
Santiago del Estero. Era plena temporada en las termas y el público predominante
era de la tercera edad, acorde a lo que sentía nuestro cuerpo y nuestras motos.
Los baños termales lo solucionaron todo y el ánimo bien arriba por haberlo
logrado.
Continuamos con el regreso hasta que un problema mecánico detuvo el corazón de
la honda Rebel. Se barrió la corona y se doblaron los dientes. Si bien no era
muy grave lo que había pasado, tuvimos que llegar como pudimos a Rafaela, Santa
Fe y como era domingo quedarnos hasta el otro día para comprar el repuesto.
El lunes por la mañana solucionado el problema continuamos viajando hacia Buenos
Aires para llegar a la tardecita del lunes.
Conclusión: En este breve relato y con mis limitaciones,
es una tarea espinosa traerles las sensaciones de los caminos, los colores y los
aromas de estos hermosos senderos que transitamos. Pero puedo asegurar y estoy
convencido que no es imposible que seas protagonista de tu anécdota, solo hay
que tener ganas y animarse.
4000 km en 8 días.
Cuando leí esta frase de Atahualpa Yupanqui me sentí arriba de la moto y me
pareció adecuada para cerrar el relato.
“Siempre he pensado que nada es mejor que viajar a
caballo, pues el camino se compone de infinitas llegadas. Se llega a un cruce, a
una flor, a un árbol, a la sombra de la nube sobre la arena del camino; se llega
al arroyo, al tope de la sierra, a la piedra extraña. Pareciera que el camino va
inventando sorpresas para goce del alma del viajero.”
Carlos





Espectacular... Valió la pena, ¿no, chicos?

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